martes, 29 de noviembre de 2011

La importancia de llamarse... (Junta de Extremadura)

La decisión de los nuevos gobernantes de Extremadura de cambiar el nombre del órgano ejecutivo de Junta de Extremadura por Gobierno de Extremadura ya fue puesto en cuestión por un editorial del diario El Periódico Extremadura del 9 de septiembre de este año, editorial que no conocía hasta hoy y que he descubierto al documentarme.

Yo también creo que no es una cuestión sólo de cambio de imagen porque se haya producido un cambio histórico (después de treinta años, la derecha vuelve al poder en Extremadura); el cambio encierra un componente ideológico que no debe desestimarse. 

Desde el comienzo de la Transición se ha venido utilizando el término Junta  para designar al gobierno autónomo, y no por una cuestión arbitraria.

Si repasamos la Historia, en todos los momentos en los que el pueblo --entendido éste como una entidad con voluntad de autonomía y no como sujeto pasivo al modo ilustrado--; en todos los momentos, repito, en los que el pueblo se ha convertido en protagonista de sus propios destinos y los del país, en todos esos momentos ha aparecido la institución de las Juntas. Ya en época de Carlos I aparecía la Junta de Tordesillas, que reagrupaba la unión de las ciudades comuneras de Castilla y que a la postre costó la cabeza a varios héroes castellanos. Pero es a partir de la Guerra de la Independencia, en 1808, cuando, huérfano de un poder "legitimado" por la Historia, este pueblo se organiza desde la base en juntas locales, éstas en juntas provinciales y por último en una Junta Suprema que se encargará de encauzar la soberanía popular. 

A lo largo del XIX los conservadores, aquellos que tienen y temen perder lo que tienen, fueron reacios y temerosos a la espontánea manifestación revolucionaria de las juntas, que surgen siempre de las capas más débiles de la sociedad. 

La junta no es sólo un nombre, es por el contrario la expresión de una forma de entender la política, aquella que surge del hartazgo del pueblo de ser dirigido como si fuera un niño, aquella por la que es el propio pueblo quien asume con responsabilidad las riendas de su destino. En el siglo XIX el sufragio era censitario y capacitario porque se creía que sólo podían conocer lo que convenía al país aquellos que tenían los posibles, o la educación para saber lo que era bueno y lo que no lo era. Entonces sí encajaba mejor la palabra Gobierno, palabra que reconoce en cierto modo la dejación que de su voluntad hace el pueblo en manos de unos dirigentes. El término Junta, por el contrario, no sólo reconoce al pueblo, a los gobernados, la capacidad de decidir por sí mismos, sino que es el pueblo quien sigue ejerciendo el poder ejecutivo. 

¿Cuestión nimia, bizantina? No estoy de acuerdo. Las palabras tienen mucho poder; sólo basta con rascar para descubrir lo que realmente quieren decir

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Madam President

Ahora sí.

En las últimas elecciones municipales mi hijo fue designado presidente suplente en una mesa electoral. En su joven ánimo se reflejaba su orgullo y satisfacción por el reconocimiento oficial como ciudadano y su entusiasmo por servir. No pudo ser, pero ahí estuvo él preparado y listo para la acción. Hoy mi esposa ha recibido la comunicación para ser Presidente de mesa electoral en las próximas elecciones generales. Para cualquiera esto no tiene la mínima importancia. Para ella toda. Estadounidense de nacimiento ahora es una española comprometida, mucho más que otras cuyo título responde sólo a un capricho de la geografía. Le costó lo suyo conseguir la nacionalidad, años y años de la tan famosa pero cierta burocracia española. Hoy, por fin, ha sido nombrada Presidenta de una mesa electoral. No hay mejor recompensa de su ciudadanía que dirigir las votaciones en unas elecciones  generales.

Conociéndola sólo tengo una única reserva: es capaz de sublevarse y poner orden en la tradicional anarquía hispana.

De una cosa estoy seguro: su presidencia será recordada como ejemplar por generaciones venideras. También lucirá en algún cuadro de la librería del salón al lado de los acontecimientos importantes de la familia.

Enhorabuena. Mejor, ¡Suerte y al toro!

miércoles, 19 de octubre de 2011

Las barbas de tu vecino...(recortes)

La escuela pública vive un otoño de zozobra y ansiedad por las amenazas de recortes que se ciernen sobre ella.

La educación es un derecho de los ciudadanos y un deber del Estado el satisfacerlo. Históricamente, ya desde la Constitución del 12, recogiendo las propuestas de los ilustrados españoles, se establecía la educación como una necesidad desde la infancia (Art. 366). Los partidos progresistas del XIX y del XX han considerado a la educación como un derecho inalienable y han demandado del Estado su asunción y práctica.

Pues bien, como decía, en este ambiente de sospecha sobre si se materializará la política de recortes en Extremadura, leía yo una resolución de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura,  por la que se modificaba la autorización de apertura y funcionamiento, en un centro docente privado, de dos unidades de segundo ciclo de Educación Infantil.

Esto quiere decir que la Administración pública deja de impartir dos unidades de segundo ciclo de Educación Infantil cediéndolas al sector privado. Esto puede entenderse como una sutil forma de recorte: en lugar de asumir como obligación pública la educación, se deja en manos privadas.

Lo que verdaderamente me indigna es que no he oído a ningún sindicato de enseñanza ni a ningún partido (léase IU o PSOE) publicar esta noticia y denunciar su contenido.

Será todo lo legal que sea, pero aquí bien podría aplicarse el refrán de "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar." La realidad es que son dos grupos más en Infantil, que en un futuro serán dos más en Primaria, y quizás dos más en Secundaria, que se detraerán de la enseñanza pública.

jueves, 13 de octubre de 2011

Igualdad, mérito y capacidad

La Constitución española en su Artículo 103.3 establece, en relación con la Administración Pública, entre otros supuestos, que "La ley regulará ... el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad..."

Como profesor y educador me encargo de insistir ante mis alumnos en la necesidad de que estudien mucho para prepararse bien y poder servir a la sociedad en un futuro no lejano en un trabajo o función benéfico y justo.

Pero mi empeño en seguir creyendo en esos principios de igualdad, mérito y capacidad, choca con la realidad obscena: máximos representantes de la Administración, teóricos defensores de la Constitución, contratan con impúdica desvergüenza a familiares para desempeñar puestos en esa Administración.

Lo único que me resta es denunciar esta desvergüenza ante mis alumnos y animarles a que sigan creyendo que, a pesar de los corruptos, aún queda margen para la esperanza de que algún día se valorará su esfuerzo y su capacidad.

Espero no equivocarme.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Ante todo

Esta mañana, mientras mi esposa y yo esperábamos que sonase la alarma del despertador, escuchábamos en la radio que un equipo de investigadores trabajan con la hipótesis de que la enfermedad del alzheimer puede tener un origen infeccioso. Mi esposa y yo abrazados comentamos la noticia. Algunas veces hemos especulado sobre cómo será nuestro futuro, pues hemos sido y somos testigos del deterioro que han sufrido y sufren nuestros seres queridos.

No sé por qué asociación de ideas, cuando salía de casa para dirigirme al trabajo me preguntaba qué pondría yo en mi tarjeta de visita si tuviese que hacer una. Por supuesto debía poner en primer lugar lo que más me enorgullece, y lo primero que me vino a la cabeza es que, después de mi nombre y apellidos iría la palabra "esposo", y luego "padre".

Esta tarde, cuando hacía tiempo para irme a la siesta, me preguntaba de dónde vendría la palabra esposo y di con una explicación que me satisfizo. En la antigua Grecia los contratos se sellaban vertiendo unas gotas de vino en un altar. "Derramar una bebida" en griego es "spendo". Con el tiempo esta palabra vino a significar "firmar un contrato". De ahí procede la palabra latina "sponsus", persona que asume algún compromiso. Si es un hombre, es sponsus, si es mujer, es sponsa, de donde viene esposo y esposa.

Puedo decir con orgullo que yo soy, ante todo, esposo.

viernes, 15 de julio de 2011

Estas son las mañanitas que cantaba ...

     O cuando la política deja de referirse a los asuntos de la “πόλις” (“pólis” ciudad, ciudadanos) y se convierte en significante sin significado, continente sin contenido, en Pragmática sin gramática, en imagen, en efecto, en fin, en palabra vana o palabrería.
     En la reciente constitución de la Asamblea de Extremadura, los representantes de Izquierda Unida han querido dar la nota: uno antes de prometer cierra el libro de la Constitución porque en él aparece el escudo del yugo y las flechas; otro promete en espera de la Tercera República. Vale.
     Ahora bien, en la que puede ser su única posibilidad histórica de poner en práctica sus "ideas", deciden abstenerse dejando que se forme un gobierno de derecha. Desde una perspectiva histórica esta decisión no se comprende. No parece creíble que por delante de los intereses de los que dicen que representan, los trabajadores y desheredados de la tierra, pongan los agravios de partido recibidos.
     Porque, al fin y al cabo, los elegidos se deben a las ideas que dicen representar y no a sacar brillo a su vanidad o a redimir su orgullo herido. 
     No siempre vale el recurso de ser portavoces de la voluntad de las bases. Porque ahora no representan sólo a las bases fieles de siempre, sino también a algunos indignados y desencantados de izquierda. Es posible que ahora algunos de estos se sientan defraudados por su postura y les obliguen en el futuro a volver a asomar la cabeza como en la viñeta de Peridis.
     Y, por favor, que no mienten la República. Me pregunto qué pensarían los desheredados que murieron por ella o los que hasta no hace mucho han soportado la represión e injusticia inveterada.
     Me temo que el problema sea la falta de coraje para ponerse manos a la obra, para mancharse con el barro de la realidad. Es mucho más cómodo permanecer en la atalaya de la pureza de las ideas platónicas. Los demiurgos que deberían haberlas hecho realidad no han estado a la altura de la tarea.
    Se preguntará el lector o lectoras qué tiene que ver el título con la entrada. Pues bien, una cosa son las mañanitas que cantaba el rey David y otra muy distinta los que cantan las mañanitas o cantamañanas.

viernes, 8 de julio de 2011

Mutatis mutandis


En el antiguo Egipto la reina Hatshepsut construyó su tempo funerario en Deir el-Bahari. Este complejo arquitectónico constaba de dos partes: una exterior formada de varias terrazas unidas por medio de escaleras, y una interior excavada en la roca. 

En Plasencia también tenemos templos aunque no funerarios. No obstante, mutatis mutandis, el aparcamiento que se está construyendo junto al Parque de la Isla tiene para mí ciertas semejanzas con la obra de la faraona H.

Primera. Ambas son faraónicas, la egipcia por derecho, la placentina por la desproporción, el despilfarro y la finalidad (ad maiorem gloriam).

Segunda. Al igual que la de la reina egipcia, la obra de Plasencia tiene dos partes: una ya construida, las escaleras mecánicas, y otra el propio aparcamiento. Aquí en lugar de consideraciones de tipo ecológico (proporción y adaptación a la naturaleza) se ha optado por el cemento y el consumo energético.

Y tercera. Un halo de misterio envuelve ambas construcciones. El público pasea por delante de las obras del aparcamiento y elucubra sobre cuál será el resultado final. Por lo que he podido recoger de aquí y de allá, las dos enormes torres de cemento estarían destinadas a ascensores desde los que se accedería a una pasarela elevada que conduciría hasta la avenida de donde parten las escaleras mecánicas.

Si, mutatis mutandis, esas son las semejanzas, las diferencias son obviamente muchas. Si en el templo de Deir el Bahari se accedía a la primera terraza por unas escaleras (no mecánicas, por supuesto), aquí se accede por ascensor. Allí la arquitectura copia en verticales y horizontales el paisaje rocoso del acantilado; aquí los dos cubos de hormigón violentan el horizonte natural descendente de acceso al valle y río.

Pero lo que realmente interesa aquí es el cambio de weltanschauung o perspectiva: en el templo de la reina H. el hombre está supeditado a la naturaleza; en el complejo placentino, la naturaleza se supedita al hombre.

Quizás en el futuro se conserve, como en el caso de la reina H., el nombre de quien construyó la obra, pero me temo que el carácter funerario que tenía el templo egipcio, también pueda aplicarse al faraónico aparcamiento y escaleras, pues para más de uno ha supuesto su sepultura.