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sábado, 17 de julio de 2010

El viejo moral del huerto


En el huerto detrás de la casa está el moral ya viejo. Emperador del huerto, aguarda paciente la visita ineludible de los intrusos. En él abundan ahora más las ramas secas que los brotes verdes y hay menos moras. Antes las ramas eran decididas, largas y frondosas, y escondidas bajo las hojas aparecían las moras blancas, rosadas y moras, de sangre púrpura, casi negra. El moral no ha sido cuidado, podado, dirigido y ahora sobrevive anárquico. Pero resiste, y año tras año surgen brotes de hojas nuevas. Porque la vida sigue y las generaciones (troncos y ramas) pasan. Las nuevas ramas y hojas se apoyan en el tronco viejo, pero brotan libres hacia el abierto futuro del aire.


Algo semejante a lo que le ocurre al viejo moral pasa con las sociedades. Si la sociedad no es cuidada, podada, y dirigidos sus impulsos vivos, se desarrollará sin rumbo y caerá en la anarquía, entendiendo ésta en su verdadero sentido griego: ανα-άρχή sin guía, sin orden.


Esto me viene a cuento en relación con el tema del Estatut de Catalunya. Una ley primero aprobada en el Parlament, luego ratificada mayoritariamente en referéndum por el pueblo de Cataluña y finalmente consensuada en el Parlamento español, ahora es recortada por el Tribunal Constitucional, porque no se ajusta a la Constitución española, según unos individuos en los que la misma Constitución ha depositado la facultad de decir lo que es legal y lo que no lo es.


Cataluña hizo una apuesta arriesgada a sabiendas de las consecuencias. Tesis, antítesis, síntesis. ¿Se apostó por el tope sabiendo que no se conseguiría, para al final quedarse con el máximo posible?


El problema es de democracia: ¿tiene razón la mayoría o debe ésta someterse también al dictado de la ley preestablecida por el propio pueblo: la Constitución Española?



Es obvio que existe una diferencia, histórica, cultural, lingüística catalana. ¿Forma parte la rama (Cataluña) del tronco (España)? La Constitución española fruto de la historia común de un pueblo dice que sí. La rama del pueblo catalán quiere crecer por un lado y el podador (el Estado) amarra y corta los extremos de ese brote. ¿Conseguirá el podador detener el impulso del brote y reconducirlo para que no desentone del resto del moral, o al final esa savia catalana hará caer la rama y decidirá formar su propio árbol?


En Historia lo que hoy es blanco mañana puede ser gris y pasado mañana negro. Al final, al igual que el agua de los ríos modela insistente su cauce, las personas hacen día a día su Historia. Las presas de los ríos contienen el agua en condiciones normales, pero el paso del tiempo las va desgastando y a veces las riadas se las llevan por delante.  


sábado, 26 de junio de 2010

Ah, but the strawberries!...


 

"Ah, but the strawberries! That's where I had them ..."

Captain Queeg, The Caine Mutiny




[caption id="attachment_456" align="alignleft" width="243" caption="Escaleras Leonor Plantagenet"][/caption]

 «Sólo el primer tramo de las escaleras podrá ser utilizado por los minusválidos»...   

Así subtitulaba el periódico Hoy digital la noticia sobre la proyectada escalera mecánica (del tipo de las usadas en cualquier metro urbano) sobre las actuales escaleras de la calle Leonor de Plantagenet, que unen la Avenida del Valle con la plaza de la Puerta del Sol presidida por la estatua ecuestre del fundador de Plasencia.    

La ciudad tiene problemas de aparcamiento. Primero se habla de convertir alguno de los colegios Alfonso VIII o Ramón y Cajal en un aparcamiento urbano y construir un gran colegio en las huertas de la Isla. Los propietarios de las huertas no conformes con el precio que el Ayuntamiento ofrece por sus terrenos impiden dicho proyecto. Mientras se soluciona la expropiación se decide utilizar una parte del espacio de las huertas para un aparcamiento al aire libre.    

El problema que surge ahora es como facilitar el acceso desde este aparcamiento situado en el extrarradio hasta la ciudad. La solución no es otra que construir una gigantesca escalera mecánica sobre las actuales escaleras de la calle Leonor de Plantagenet.      

La proyectada escalera mecánica ha levantado polémica entre los comerciantes de la calle Plantagenet y algunos vecinos. Ademas la escalera mecánica no podrá ser utilizada en todo su recorrido por los minusválidos por lo que estos también reclaman.    

Las críticas también se dirigen al excesivo coste, no sólo en el funcionamiento sino sobre todo en su mantenimiento, ya que dada la escasa conciencia cívica en el cuidado de los equipamientos públicos, se espera que se vean afectadas por actos de vandalismo.    

Desde luego, sabiendo el grado de endeudamiento que tiene el Ayuntamiento y la situación de crisis en la que vivimos, es obsceno que se planteen estas extravagancias que van a tener un uso muy limitado.    

Tampoco se tienen en cuenta aspectos estéticos: la escalera mecánica impediría totalmente la ya difícil vista del fondo de murallas que se advierte desde la Avenida del Valle en la Plaza del Sol. Desde luego el artilugio tampoco favorece las advertencias del Ministerio y de la Consejería de Sanidad de la Junta en favor del ejercicio físico.   

El Ayuntamiento se reafirma en que las obras empezarían después de Ferias de comienzos de junio. Los oponentes por su parte anuncian su intención de llevar el problema ante la justicia.   

Como se había prometido las obras de la escalera empezaron el lunes 21 de junio pero el jueves habían sido detenidas: un particular había puesto una denuncia en el Juzgado n 2 de Caceres.    

La versión del Ayuntamiento es que es una decisión provisional. El lunes 28 de junio los técnicos del Ayuntamiento defenderán ante el juez la legalidad de la instalación.   

La alcaldesa habla de conspiración política.   

Sus palabras me recuerdan aquellas del capitán del Caine, Queeg, a quien sus oficiales se le amotinan, y cuando estos son juzgados en consejo de guerra, el capitán Queeg, declarando como testigo, dice, mientras juega con unas bolas metálicas en la mano derecha, que todo es culpa del robo de las fresas... Es decir, todo es culpa, no de su propia ineptitud, orgullo, vanidad, etc.,  sino de las fresas.    


Nota: la foto está tomada casi al final de las escaleras y en ella aparece un individuo que porta una cartera de trabajo, abstraído del hecho de ser fotografiado.



domingo, 20 de junio de 2010

Sepulcros blanqueados...

En aquellos días, dijo Jesús: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!  Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
Mateo 23, 27-32

José Saramago ha muerto.

L'Osservatore Romano, periódico oficial del Vaticano ha publicado un artículo sobre José Saramago, que, sin entrar en si tiene o no razón, no lo encuentro muy cristiano.

El articulista, Claudio Toscani, defiende en él la idea de un Dios misericordioso, al contrario que Saramago, quien, según aquél, en el Vangelo secondo Gesù, Dios Padre "sovrintende l'universo con potestà senza misericordia." Pero de un modo totalmente anticristiano el articulista decide colocar a Saramago en la zizaña de la que habla Jesús cuando al hacer la cosecha del Juicio Final, Dios separe el grano de la zizaña. Literalmente el artículo dice que Saramago se coloca lúcidamente "dalla parte della zizzania nell'evangelico campo di grano".

Y yo como cristiano y católico me pregunto, ¿cómo es posible que la Iglesia, una madre, se otorgue la capacidad de decidir el destino eterno de un ser humano, un hijo suyo, y colocarlo en el infierno, cuando al mismo tiempo proclama la infinita misericordia (compasión desde el corazón) de Dios?

miércoles, 16 de junio de 2010

Mira que eres primo, qué primo que eres...

El avión tenía prevista su salida a las 10:05. Teníamos que estar en el aeropuerto una hora y media antes, a las 8:30. El tren hasta el aeropuerto tardaba una media hora. Lo cogeríamos a las 8:00. Calculamos que si desayunábamos a las 7 nos daba tiempo de sobra. Así que pusimos el despertador para las 6:30. Todo fue según lo previsto. Cuando llegamos al aeropuerto tuvimos que darnos prisa porque la terminal estaba bastante lejos, unos diez minutos. Al fin pasamos seguridad y nos sentamos a esperar. No había pasado media hora cuando vimos que la gente se levantaba y se colocaba en la cola para embarcar. Aunque en el tablero de anuncios decía que el avión saldría a las 10:30 y aún faltaba casi una hora nosotros nos colocamos en la cola: si entrábamos antes tendríamos más sitio para colocar nuestro equipaje y saldríamos más pronto.

Poco a poco iba llegando la gente. Algunas personas, viendo la cola que se había formado, o bien se sentaban o bien se colocaban al final. Pero otros, incluso habiendo llegado justo a punto de embarcar, con toda la cara del mundo se disponían estratégicamente jugando al despiste junto a los que ya estaban en cola. Una señora que estaba delante de nosotros le hacía señas a su acompañante sobre alguien que se les había colado. Pero ni ella ni nadie decía nada. Tampoco nosotros. Eso sí, entre nosotros no faltaban los comentarios de "¡Desde luego, vaya cara! ¡Y para esto nos levantamos a las seis y media y nos preocupamos de llegar a la hora!¡Esto es la leche! ¡Y nada, y ellos se quedan tan anchos!"

¿Y qué haces en estas ocasiones? ¿Los pones en evidencia? Seguramente tu repuesta es la lógica: "¡Pues claro!"

Pues no está tan claro. Yo creo que eso depende de cuáles sean las consecuencias: si cantarles las cuarenta te va a poner a ti de mala leche, porque te van a contestar con un "¿Y?", y tú, pensando que ellos tenían el sentido del respeto y la consideración que tú suponías en todo ser humano te vas a quedar mudo sin saber qué responder, pues entonces lo mejor es no decir nada y seguir siendo el primo que eras.

"Quem me dera" tener la cara dura para cantarles las cuarenta y quedarme más pancho y tranquilo que nunca. Pero no, yo sé que me voy a poner de mala sangre y me aguanto y, remedando la canción aquella de Antonio Machín "Mira que eres linda, qué preciosa eres...", me digo "Desde luego, mira que eres primo, qué primo que eres..."

Es obvio que ese mundo de respeto y consideración al prójimo, de cumplimiento de mínimas normas sociales de sentido común, ese mundo en el que todos nos debiéramos mover no existe. Entonces sólo te quedan dos opciones: la solución de Michael Douglas en aquel papel de empleado de camisa blanca que se dirige a su casa y que harto de aguantar se pone a dar tiros a diestro y siniestro, o la del primo y pringao que aguanta que le pisen y le repisen.

Aunque en este último caso, no sé hasta cuándo puede uno aguantar...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Querida Felipa...

Todo es tan personal, tan privado... La felicidad, el dolor...

Por mucho que nos empeñemos en querer que los otros entiendan, compartan, se den cuenta de lo que nosotros experimentamos, no es posible. Nuestra existencia es sólo nuestra. Nuestra piel es una capa que, a la vez que nos comunica con el exterior, nos aisla. Nuestros sentidos son ventanas que abrimos pero de los que no nos podemos fiar, porque a veces nuestras sensaciones no concuerdan con las de los otros.

Sólo cada uno por sí puede sentir el dolor que siente. Sí, podemos quizás atisbar lo que otros sufren si lo hacen por la misma razón: la muerte de la madre, por ejemplo. Pero incluso ahí, los sentimientos varían dependiendo de la relación que hayamos tenido con ese ser querido.

Mi dolor cuando murió mi madre fue desgarrador, escandaloso. Cuando murió mi suegro mi dolor fue callado. En ambos casos la pérdida era injusta. En el primer caso era la separación definitiva, la nostálgica pérdida de un paraíso vivido quizás en el seno materno. En el segundo era la pérdida de un amigo, de un compañero, de alguien que quería mi amistad no por él sino para mí.

"El sentimiento trágico de la vida" decía Unamuno. A simple vista apetece decirle: ¡hombre, no es para tanto! Miguel, la tuya más parece la visión de un ser triste. Pero, si reflexionamos ¿qué es sino nuestra existencia?

De pronto nos encontramos en este mundo sin comerlo ni beberlo, sin haberlo decidido, y, habiéndonos dado la posibilidad de saborear las mieles de la vida, de habernos permitido incluso soñar con lo imposible (el "impossible dream" de D. Quijote), de repente nos dicen: "esto se acabó".

Parece una broma, ¿verdad?

Si lo piensas, los griegos no estaban demasiado alejados de la realidad: verdaderamente somos juguetes de los dioses. Como títeres nos manipulan, nos hacen creer en nuestra independencia, nuestra libertad, y de repente nos cortan las alas, o nos colocan un muro infranqueable delante de nosotros. Ante eso sólo caben dos opciones que uno tiene que elegir. Una es la respuesta del héroe griego: la lucha contra el destino, en la esperanza de poder vencerlo, pero a la que sucede la inevitable muerte trágica. La otra es la aceptación resignada de la realidad, el reconocimiento de nuestra limitación e impotencia ante el destino inexorable, y la resignación a ser olvidados tarde o temprano en la sombra del tiempo. ¿Cuál escoger? Esa es una opción personal. Porque eso sí, como Sartre decía, lo que no te pueden arrebatar los dioses es la libertad de enfrentarlos.

viernes, 14 de mayo de 2010

"El enigma del Códice Bardulia"

 

 

 




 


Presentación de la novela de Álvaro Moreno   


"El enigma del Códice Bardulia"    


Centro Cultural "Las Claras", Plasencia    


13 de mayo de 2010    


 

 

Extracto de la presentación:  

"Fue Roland Barthes quien utilizó el símil de un tapiz para definir un texto, porque al igual que el tapiz es el resultado del entramado de retales viejos e hilos nuevos, y la mezcla de colores y texturas, un texto es el tejido hecho de vivencias, alusiones, tópicos, morfologías, sintaxis y semánticas.   

Álvaro construye su obra sobre un entramado histórico firme, y sobre esa base fabrica un tapiz vivo, colorista, de texturas variadas. Impresionista y abierto a la imaginación a veces, en otras el tapiz se presenta lleno de matices fruto de la precisión narrativa propia de la disección de un bisturí o del análisis sugerente.    

Es una novela histórica. Y lo es por dos razones, primera porque el presente sólo se explica con el pasado, y segunda porque la historia es maestra de la vida. La novela se construye en dos ámbitos, uno que transcurre en la Alta Edad Media de la península ibérica, y otro en el más inmediato presente. La historia que se desarrolla en el pasado tiene entidad por sí misma y quizás hubiera tenido una vida literaria autónoma. Es también posible que la historia que se desarrolla en el presente hubiese tenido también una entidad propia. Pero lo difícil es lo que ha hecho el autor. Cómo engarzar en una unidad pasado y presente. Volviendo al símil del tapiz, cómo encajar los retales viejos con los hilos nuevos en una urdimbre viva y original.    

El lector es transportado, ávido, de un mundo a otro, del viejo al nuevo, y del nuevo al viejo, sin perder los hilos de la trama, en un deseo de resolver los distintos enigmas que se plantean.    

El carácter vertiginoso que tiene la trama de la novela puede que nos obligue a su lectura de una sentada. Ayuda a ello la composición de la obra a base de capítulos cortos, de factura muy cinematográfica.    

A mi modo de ver es un hallazgo formal el distinto tratamiento que da el autor al lenguaje de un período y otro. De acuerdo con el carácter épico de la etapa histórica relatada, la Edad Media, el lenguaje utilizado para describirla está lleno de epítetos, de reminiscencia homérica; es a veces barroco y de construcciones sintácticas de corte clásico. Por el contrario, el presente, nuestro presente, libre del espíritu heroico medieval, y ausente de sus valores épicos, es retratado con el realismo frío y racional de nuestro siglo.    

Como decía al principio me interesa una literatura que instruya. “El enigma del Códice Bardulia” lo consigue. El autor manifiesta un conocimiento exhaustivo del léxico medieval relacionado con la vida cotidiana de monasterios y castillos. Se nota su formación profesional y experiencia en el vocabulario médico y farmacológico empleado.    

Es obvia su pasión por la Historia Medieval y por la Paleografía que le permiten dar un fundamento histórico firme a su obra. El autor consigue imbricar en una historia compartida a los pueblos cristianos del norte de la península y a los musulmanes del sur. Súbditos del reino astur, castellanos de su frontera oriental, judíos, mozárabes, muladíes y árabes, todos tienen su papel en este trozo de historia. Buen conocedor de ese mundo enigmático y a la vez apasionante de la Archivística, Álvaro sabe transmitirlo magistralmente al lector y a la vez hacérselo ameno.    

A esta pasión por la historia medieval de España, en donde intenta buscar la explicación a problemas históricos colectivos de imbricación política, que mantienen hoy plenamente su vigencia, y a su saber y experiencia en la profesión médica, el autor pone de relieve los grandes temas de la actualidad, entre los que destaca el protagonismo de la mujer en la vida profesional y cultural, las relaciones de pareja y la memoria histórica.    

En la caracterización de los personajes Álvaro es minucioso y nos permite hacernos una imagen no sólo física sino moral de los protagonistas. Si en algunos personajes el tratamiento es velazqueño en sus pinceladas amplias pero que transmiten claramente la realidad, en otras nos encontramos a un Dalí preciso en el dibujo de físico y costumbres. En ocasiones, sobre todo en el retrato de médicos, el autor nos presenta unas descripciones llenas de vivacidad e imaginación, de ironía que llega incluso a la caricatura. Tengo la sensación de que tanto el protagonista del presente, Gonzalo, como del pasado, Sancio, se alimentan de las experiencias soñadas y vividas por el autor.    

Como es autobiográfica otra gran protagonista de esta novela, Plasencia, su hospital, sus paisajes y sus gentes. Es obvio que esta noble y generosa ciudad dejó en Álvaro una huella inolvidable.    

Para terminar permíteme Álvaro que cite textualmente unos breves párrafos de tu novela:    

-- Lo que no sabemos es de qué trataban esos pergaminos medievales que ella custodiaba como si fueran más importantes que su propia vida –dijo--. Ese códice era el principio y el final de todo...    

-- ¿El códice?    

El doctor Perona asintió    

-- Me gustaría saber de qué trataba... --La mirada del médico de urgencias se dirigió al amplio ventanal del despacho, perdiéndose en un horizonte intangible--. ¿Por qué sería tan peligroso su contenido?    

-- A mí también me gustaría saberlo.    

En fin, preparémonos bien para la lectura de esta novela. Para ello, elijamos un momento ausente de obligaciones, sentémonos en nuestro rincón favorito, tengamos a mano una buena taza de café y comencemos a leer…  y a vivir.       

Muchas gracias".    

     

jueves, 29 de abril de 2010

¿Qué se hizo aquel trovar...?

¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas que tañían? 

Jorge Manrique:

Coplas por la muerte de su padre

 
Casa en Arezzo donde nació Güido Mónaco


A medida que pasan los años uno selecciona. Y no queda otro remedio porque el tiempo es limitado.   

Es curioso cómo se van perdiendo los detalles de lo vivido y queda lo esencial, lo verdaderamente importante.  

Cuando empecé a trabajar como profesor enseñaba Primero de BUP, y recuerdo que al tratar el tema de Grecia, intentaba enseñar a mis alumnos el complejo proceso de consecución de la democracia en Atenas a través de las reformas de Solón y Clístenes. En aquel momento estaba convencido de que todo lo que yo había aprendido era importante.   

Hoy no sólo creo que aquello era excesivo sino inútil. Para un alumno de Primero de ESO la reforma de Clístenes carece del mínimo interés. Como mucho es importante que este alumno sepa que fue en Grecia donde surgió el primer atisbo de democracia, aunque fuese una democracia muy restringida y limitada.    

Creo que el paso de los años me ha hecho ver qué es lo que puede ser importante para la vida de mis alumnos, qué es lo que les puede hacer mejores personas y mejores ciudadanos. Como historiadores agentes transmisores de la memoria colectiva, debemos seleccionar aquello cuyo ejemplo merece la pena seguir y anatematizar aquello que no ha de repetirse jamás. Lo superfluo, lo accidental, no merece la pena señalarlo.   

Algo semejante pasa con nuestras vidas. Nuestra memoria es selectiva. Sólo se queda con aquello que ha dejado huella. Y la huella la dejan o los muy buenos o los muy malos. En estos no pensamos. Aquellos, los muy buenos, son ejemplo, faros que nos orientan.   

Hay en toda mansión inglesa que se precie, de esas que se ven en las películas, una galería de retratos de antepasados que, a medida que el mayordomo avanza, la luz trémula del candelabro va revelando. Cada uno de nosotros tenemos también en el salón de nuestra memoria una galería de personas que permanecen ahí por la huella que han dejado en nosotros. En mi extensa galería está el retrato de Concha, la directora del Coro del Instituto Español de Lisboa.     

Detalle de la Cantoría de Luca Della Robbia

Concha llegó a Lisboa en el 2004, un año después que yo. Después de unos meses de toma de contacto propuso al centro un proyecto: formar un coro de alumnos, profesores y personal no docente. 

El coro "Giner de los Ríos", el nombre del Instituto, ha sobrevivido seis años y puede presentar un historial brillante: numerosos recitales en el instituto, en Lisboa y alrededores; giras a Orense, Madrid, Tánger, Tetuán, El Escorial y Zamora; y grabaciones de dos CDs. Su repertorio ha sido variado y de calidad, acomodado a la misión del Instituto Español como difusor de la lengua y cultura españolas, al medio portugués y a la composición internacional del alumnado del centro.   

Detalle de la Cantoría de Luca Della Robbia

Pero aún cuando esa fachada es brillante, lo esencial, lo importante de la labor del coro ha ocurrido tras las candilejas, en la soledad del Aula de Música del Instituto. Los ensayos semanales y a veces extraordinarios en horas fuera del horario escolar, aun cuando gratificantes, suponían siempre un sacrificio. Durante ellos aprendimos a esperar, no siempre pacientes, a que las otras voces aprendieran su parte, y ello con alumnos y alumnas de 12 a 17 años, llenos de energía y ávidos de libertad. Aprendimos poco a poco a respetar y a admirar el esfuerzo y la superación ajenos. Superamos nuestros complejos apoyados por compañeros que aplaudían sinceros nuestros logros y perdonaban nuestros errores. Pudimos vibrar y sentir verdaderos escalofríos al cantar melodías en una milagrosa armonía de voces. El "Dio del cielo, signore delle cime", que me ponía el vello de punta, adquirió un significado especial recordando a aquellos que ya no estaban con nosotros. Reímos y temimos fallar con un tercer "¡Oh!" en el segundo estribillo del "Trai, trai, ...". Conseguimos por fin encajar bajos y tenores el "ya vienen los Reyes" del villancico "Ya viene la vieja". En fin, esperábamos en larga tensión el remate final del "u, u, u, u..." del "Romance del Conde Olinos" después de sentir la desventura del caballero y la princesa.  

Y entre canto y canto Concha hacía un comentario o contaba el último chiste y reíamos a carcajada. El coro era un oasis de convivencia en el centro, donde por unas horas nos olvidábamos de nosotros mismos y hacíamos algo en común. En ese ritual que era cada ensayo, no podían faltar los ejercicios de relajación que tenían la virtud de prepararnos físicamente para el ejercicio musical. Un ejercicio que terminaba siempre en el triunfo que suponía haber aprendido una canción más.   

De lo anterior uno puede concluir que el trabajo era fácil. Nada más lejos de la realidad. Nunca he conocido a nadie que tenga la paciencia de Concha. Si una vez era el retraso de algunos en llegar a la hora y que interrumpían en pleno ensayo, en otras era alguien que había olvidado la partitura, un móvil que sonaba inoportuno, o el cuchicheo de otros. Concha se enfadaba pero paciente continuaba el ensayo.  Hubiera podido hacer un coro con voces escogidas pero eligió la mejor forma: cantar es un placer y todos tienen el deber de disfrutarlo.   

Y llegaba el día de actuar. Siempre íbamos con la certeza de que esta vez nos iba a salir mejor que la anterior. Los nervios y la tensión nos preparaban para no defraudar el trabajo realizado. Al final, las cosas salían como salen siempre, unas bien y otras menos bien, pero nosotros volvíamos con la resolución de que la próxima sería la vencida.  

En más de una ocasión, al final de la actuación más de una lágrima se nos escapó, emocionados al ver cómo el reconocimiento y sobre todo el cariño con el que el público, pero sobre todo su coro correspondía a su directora, provocaban en ella emoción apenas contenida. Emoción que para ella era a la vez alimento para seguir y proclamar que, a pesar de todo, sigo porque vosotros me necesitáis para ser mejores.  

De ese trabajo callado y humilde quiero resaltar un ejemplo. Hay en Lisboa una residencia de ancianos de la Beneficencia Española. Concha iba todas las semanas a ensayar con ellos. Pero pocos lo sabían. Concha no lo decía. Eso es magnífico (hecho grande) en su sentido más profundo.  

Los ancianos de la Beneficencia han vivido mucho y su memoria empieza a flaquear. Pero en ella siempre estará la imagen de una mujer que les enseñaba a cantar y a disfrutar con todo derecho intensamente de la vida.      

Linterna de Lisícrates

Cuenta el historiador Herodoto que Arión de Corintio a finales del siglo VII a. C. fue el primero en componer una canción coral, cantarla con un coro y darle el nombre de ditirambo. Desde el comienzo de la democracia Atenas organizaba competiciones de ditirambos. Cada una de las diez tribus de la ciudad competía con dos coros, uno de hombres y otro de muchachos, cada uno de ellos de 50 voces. La financiación de cada coro (el pago al poeta, al director del coro, al flautista, y la vestimenta de los componentes) corría a cargo del choregos o mecenas (χορηγός: χορός "coro" + ἡγεῖσθαι "dirigir"). El choregos ganador podía colocar un trípode con una inscripción en la Calle de los Trípodes.  

En Atenas hay un famoso monumento, la Linterna de Lisícrates. Este monumento, paradigma del orden corintio, en lo alto del cual se ve un trípode, se levantó para homenajear al maestro del coro (choregos) que obtuvo el premio en el certamen de canto poético celebrado con ocasión de los Juegos Olímpicos.  

Pero estos tiempos no son los de Atenas precisamente. 

El coro "Giner de los Ríos" no ha tenido desgraciada e inexplicablemente los mecenas que merecía. Su andadura y su labor ha sido obra del sacrificio y empeño de su maesta, que merece propiamente el título de choregos.  

Tampoco se le han levantado trípodes visibles. Sin embargo el coro del Instituto Español de Lisboa tiene un trípode en honor de su choregos en cada uno de los corazones de sus sopranos, altos, tenores y bajos. 

Decía al principio que a medida que pasan los años uno selecciona y que no queda otro remedio porque el tiempo es limitado.  En mi personal selección yo puedo decir:   

Yo he pertenecido al coro de Concha.  

Concierto del Coro "Giner de los Ríos" en el Instituto Español de Lisboa"

 

lunes, 26 de abril de 2010

E pur si muove


Luis Vives


"Preguntad a los ancianos, ¿qué es lo que juzgan es mayor inconveniente en esta vida, de qué omisión se arrepienten y les pesa mucho? Todos a una voz, los que estudiaron algo, os responderán no haber estudiado más; pero los que no estudiaron, os responderán no haber procurado saber algo."

Juan Luis Vives, Diálogos, Madrid, 1817, pág. 317

Un centro de Secundaria con alumnos y alumnas de entre 12 y 18 años. Un centro, como muchos, normal, con alumnos excelentes, repetidores y de necesidades (Apoyo, Compensatoria, ACNEs). Quiźas el problema es que los alumnos repetidores y de necesidades se notan demasiado, en algunos casos en su negativa obstinada a aprender.

Para contrarrestar este desequilibrio se aplican medidas correctoras de todo tipo, a veces no lo contundentes que uno podría esperar.

Ante esta realidad (falta de esfuerzo, falta de compromiso de las familias, un medio social estigmatizado) caben dos posturas: la cínica, es decir, aquella de "así no se puede hacer nada", "no vale la pena intentarlo, no resultará"; o la alternativa: no podemos tirar la toalla, hay que seguir, hay que intentarlo una y otra vez desde todos los frentes, porque ellos, los alumnos, se lo merecen, tienen derecho a una educación, tienen derecho a la esperanza.

Esta ha sido y es la postura de una persona muy próxima a mí. Esta persona, sabe de educación y cuando hablo de estos problemas, de las frustraciones, asiente con la cabeza comprendiendo, mientras mira, pero su mirada la delata: "E pur si muove", "y sin embargo se mueve". "Y sin embargo no puedes volver la vista ante la necesidad, ante el derecho a una educación, y ante el deber que tenemos de educar. Habrá que estudiar el problema, proponer caminos, ofrecer soluciones, trabajar codo a codo entre todos, profesores, familias, instituciones para motivar, para despertar inteligencias y voluntades. Te comprendo, pero eres profesor y tu deber es educar a pesar de todo, frente a todas las dificultades"

Su postura no es aislada. Hace apenas unos días, una joven compañera alzó, aunque tímida, su voz en una reunión de cansados profesores para defender la posibilidad de otra vía que no fuera la aceptación de la derrota.

E pur si muove.

lunes, 12 de abril de 2010

Mis viajes

He aquí una muestra de mis andanzas desde 2008

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domingo, 11 de abril de 2010

Nihil utile nisi quod honestum

Nihil utile nisi quod honestum Marco Tulio Cicerón

Acabo de leer un relato del escritor norteamericano Thomas Pynchon titulado Entropy. Me ha costado leerlo. Pero me ha hecho reflexionar. El relato confronta dos ámbitos o existencias: uno, abierto al mundo exterior, representa al caos; el otro, aislado del mundo exterior, reproduce un orden controlado, ideal. El primero tiene como protagonista a Meatball (albóndiga: mezcla en una unidad de elementos diversos); el segundo a Callisto (bellísimo) y Aubade (aurora).

Al final el último ámbito, el construido al margen del caos externo, no puede sobrevivir: la protagonista, Aubade (aurora), rompe el cristal y cede al caos externo.

El tema me sugiere una relación con lo que está ocurriendo actualmente en nuestra sociedad, con el tema de la corrupción y el papel que la escuela ejerce en ese escenario. ¿Cuál es el mensaje que los alumnos reciben de los mayores, de aquellos que en principio debieran ser sus modelos? ¿Acaso no cala en el conjunto, por mucho que se intente singularizar en determinadas personas, que todos somos corruptos? ¿Acaso la escuela tiene fuerza defendiendo valores de decencia frente a un mundo externo que condona la indecencia?

Yo sigo siendo optimista. Creo que en la escuela aún nos queda la esperanza de que, siendo los educadores en lo que podamos ejemplos de honestidad, podemos mantener, transmitir y reproducir el valor de la decencia.

lunes, 5 de abril de 2010

Quid est veritas?


"Surra I, la reina. "

Ayer, como tenemos por costumbre, paseábamos a Surra, nuestra perra, por el parque de la Isla. A ella le gusta este paseo porque, primero, los dos, Jennifer y yo, la acompañamos, y segundo, porque es el momento de ser libre: puede correr, pararse a husmear, a veces revolcarse, en fin, hacer lo que quiera. 

Pero ayer ocurrió algo que marcará estos paseos en el futuro.

Cuando volvíamos, mientras yo y mi esposa hablábamos de lo humano y lo divino, de pronto vimos cómo de no se sabe dónde, un perro enorme, negro y a zancadas de caballo, salió en persecución de Surra. La pobre perra, que no pesa más de siete kilos, al verlo venir escapó delante, y en vez de venirse hacia nosotros se dirigió hacia nuestra casa.

Nuestra casa está a unos 300 metros de donde nosotros nos encontrábamos. Para llegar a ella la perra tenía que atravesar una carretera por donde pasan coches, a veces a una velocidad prohibida. El dueño del enorme perro negro lo llamaba a voces, pero éste ni caso: su presa escapaba de él. En su huida oí los quejidos de Surra y temí lo peor. "Me la va a destrozar", decía yo. "No le puede hacer nada porque tiene bozal", decía el dueño del perrazo. Surra y el perro negro embalados llegaron hasta la carretera y yo los perdí de vista. Oí a unos vecinos que desde el lado de la carretera intentaban detenerlos sin éxito.

Por fin oí que habían llegado delante de la casa. Al menos se habían librado de la carretera. Cuando yo llegué, ya estaba allí el dueño sujetando al perro negro enfurecido. Había manchas de sangre en el suelo. Yo temía lo peor. Cogí a Surra en brazos y mi primera reacción fue mirarle patas y cuello por si tenía alguna herida. Ella, gracias a Dios, no tenía nada. Su corazón palpitaba a 100 por hora. El perro negro sangraba por una pata que dejaba marcas en el suelo. Le aconsejé al dueño que lo llevase al veterinario.

Nosotros subimos con Surra en brazos a casa. Ella se fue directa a beber agua y se echó en la alfombra. Poco a poco empezó a acurrucarse junto a nosotros. Todo volvía a ser como antes.

Por supuesto nada volverá a ser como era antes.

Eso sí es la verdad. No se trata de una edición de noticias, de corta y pega de la realidad para crear una realidad que no es ya la realidad. El miedo que pasamos con Surra eso sí es realidad.

Como es realidad el dolor de los padres de la niña de 13 años desaparecida y encontrada muerta este fin de semana.

Quid est veritas? Ficción, realidad. La vida sí sabe distinguir y nosotros también.

Pero ya nada será como antes.

jueves, 1 de abril de 2010

Don't you step on my Blue suede shoes!



...

Well, you can knock me down,
Step in my face,
Slander my name
All over the place.


Do anything that you want to do, but uh-uh,
Honey, lay off of my shoes
Don't you step on my Blue suede shoes.
You can do anything but lay off of my blue suede shoes.
...


No parece que una imagen como el San Jorge de Donatello tenga que ver con estos versos de una canción que Elvis Presley hizo famosa.

Para mí el "San Jorge" es la expresión más lograda de esa virtud juvenil que es el orgullo, la apuesta decidida por la dignidad, la valía de uno mismo frente al resto del mundo; ese "aquí estoy yo, notadme".

Hay otros ejemplos de esta autoafirmación juvenil: el joven san Francisco renuncia a cualquier dependencia humana cuando se desnuda por completo y devuelve a su padre lo único que poseía de él: las ropas que llevaba puestas.

Es este sano orgullo, este respeto a la propia dignidad el que lleva a Elvis Presley a ceder hasta límites inauditos excepto en que nadie toque sus zapatos de gamuza azul.

Yo tengo la seguridad de que mis alumnos se identifican absolutamente con el sentido de los versos del Rey del rock.

martes, 30 de marzo de 2010

Like a rolling stone


Una y otra vez nos empeñamos en querer orientar, dirigir y controlar los destinos de los demás.

¿Cuándo se nos meterá en esta nuestra tozuda cabeza que la vida no admite límites? Puedes contener el agua de un río, o el aire del viento, pero más pronto que tarde se escapará, desbordará por entre tus dedos.

Lo mismo pasa con los hijos. Queremos lo mejor para ellos, pero ¿qué es lo mejor? ¿Es acaso lo que nosotros pensamos? ¿Acaso no hemos condicionado su desarrollo lo suficiente conformándolos a nuestra moral, a nuestros prejuicios y miedos durante los años que han vivido con nosotros?

Somos como rocas detenidas en el río de la vida de las que la fuerza del agua desprende trozos que, sueltos, libres, se convierten en cantos que ruedan hasta que, pesados, se detienen y a su vez pretenderán, cuitados, frenar el impulso inexorable de la corriente de la vida.

"Like a rolling stone..."

domingo, 28 de marzo de 2010

Sólo estelas en la mar

"Se hace camino al andar..."

Ayer paseaba por la Isla y lamentaba lo poco que duran las enseñanzas, las experiencias, los avances morales en el colectivo humano.

Desde mi perspectiva como enseñante, parece como si en cada curso hubiera que empezar a construir de nuevo normas, conductas y valores porque lo hecho en el año anterior ha pasado al olvido.

Y alguien me consolaba diciendo que lo hecho queda, que en nuestros alumnos queda el respeto con el que los tratas aunque olviden fechas, nombres de montañas o términos "importantes".

¿Tendrá razón el poeta cuando dice "Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar"?

jueves, 25 de marzo de 2010

Ad astra per ardua

"No importan los obstáculos... lo conseguiremos."

Ad astra per ardua es un dicho latino que significa "hasta las estrellas por las dificultades", es decir, hasta la meta a través del sacrificio y del esfuerzo.

Todo maestro quiere que sus alumnos lleguen al máximo de sus capacidades y posibilidades. Y él es un ejemplo: él ha llegado a ser lo que es por vocación, por actitud, pero también después de haber experimentado el sacrificio del estudio y la superación de difíciles pruebas como las oposiciones.

Pero para llegar a la meta no basta con querer, hay que hacer todo lo posible para que ese deseo se cumpla. Y en ese camino, no hay atajos, sólo vale el trabajo, el esfuerzo y la constancia. Porque al final, aunque se tarde en llegar a la meta o aunque no se llegue, está la satisfacción que siente uno mismo de haber llegado o al menos de haberlo intentado. Y con eso basta.