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sábado, 6 de noviembre de 2010

Puntualidad


¿Es posible la puntualidad en este país?

¿Es parte de la cultura española o es un problema de educación?

Yo creo que es un problema de educación que es necesario abordar con decisión. Costará, pero con constancia y firmeza se conseguirá que todos lleguemos a la hora. "¡Bah! Eso no es un problema" --dirán algunos. "Sí, sí lo es, porque se trata de mi, de tu tiempo" --respondo. Los que estén de acuerdo conmigo seguro que tendrán miles de anécdotas que contar. He aquí algunos ejemplos.

Era la cena de fin de curso. Habíamos quedado a las nueve de la noche en el restaurante. Cuando llegué a la hora prevista sólo había dos compañeros. No exagero si digo que los últimos convocados llegaron con tres cuartos de hora de retraso. Mientras, los puntuales, entre los que me honro encontrame, esperamos paciente pero erróneamente. Dudo si acudiré a la cita la próxima vez. Por supuesto a los retrasados les importaba poco su falta de respeto o que el encargado de cocina se subiera por las paredes por nuestra falta de consideración.

¿Quién no ha sido convocado a una reunión de vecinos? En la convocatoria aparece el añadido "en segunda convocatoria" para promover la impuntualidad, porque como ya tenemos experiencia de que a la primera no van a estar todos, vamos un poco pasada la hora de la segunda, por si acaso.

Hasta personas a las que se les supone la educación (y la interiorización del significado último de aquélla, que no es otro que el respeto al prójimo como medio de convivir en sociedad) como son los profesores, cuando son convocados a un Claustro o Consejo, se permiten la temeridad de hacer esperar a los puntuales para el comienzo del acto, que, absurdamente, los presidentes (entre los que me he encontrado), en vez de empezar a la hora, ruegan a los presentes esperar cinco minutos para permitir la asistencia de los impuntuales. Cuando lo normal debería ser la presencia de todos cinco minutos antes del comienzo del acto, como muestra de respeto a la presidencia que nos hace el favor de "servirnos".

Por eso, cuando en la escuela nosotros, profesores, insistimos en la puntualidad de los alumnos, estamos abocados al fracaso. Porque, ¿qué ejemplo tienen de nosotros? Ninguno. Toca el timbre de entrada y salimos de nuestros despachos o salas para llegar a unas aulas, atravesando por entre grupos de alumnos que se agolpan en los pasillos, y naturalmente remolonean para entrar. Llegamos tarde y nuestros alumnos (al contrario de lo que algunos de nosotros, cuarentones o cincuentones, hacíamos con nuestros profesores cuando íbamos a la escuela o al instituto) no nos esperan, sino que poco a poco van entrando y antes de sentarse saludan o tontean con algún amigo. Cuando estamos todos preparados para empezar han pasado ya casi diez minutos.

¿Qué hacemos entonces?

Tenía un compañero que cuando sonaba el timbre y él entraba en clase, cerraba la puerta, y alumno que no estuviese en el aula no entraba. Él era puntual y exigía puntualidad. A él le funcionaba. Él enseñaba Historia de España y conocía las teorías de Sánchez Albornoz sobre la indomabilidad del hispano sino por caudillos y mano dura.

En algunos centros se ha intentado solucionar el problema de la salida de los alumnos al pasillo entre clase y clase haciendo que el profesor se quede en el aula hasta que venga el siguiente profesor. Esta medida solucionaría un problema, el de la algarabía en los pasillos, pero no el de la puntualidad del profesor, y con ello no educaría en la puntualidad del alumno. Pensándolo mejor, la medida podría resultar, porque sacaría los colores a más de uno; pero quizás crease un problema de disculpas encadenadas: "Perdona, pero no he podido llegar antes porque el profesor que tenía que venir a la clase donde yo estaba se retrasó, así que yo me he retrasado para llegar a ésta." Aunque, por otro lado, no sé si no se atenta así contra los derechos del trabajador, obligándole a alargar su hora de trabajo permaneciendo más tiempo del debido en el aula, o contra el derecho del alumno a recibir el tiempo de enseñanza que está establecido en su horario.

Quizás, para empezar, no estaría de más, además de recordar el deber de nuestra puntualidad, sacarles los colores a los listos y listas que remolonean, y hacer de su falta de puntualidad un escarnio y algo vergonzoso. Comprendo la difícil tarea de los jefes de señalar individualemente a aquéllos o aquéllas que descaradamente repiten su remoloneo día tras día y sermón tras sermón. Pero no vale con amenazar con tomar medidas y luego no hacer nada. Porque, o uno dice y luego hace, o si no, que no diga, y entonces todos a una entonaremos el ¡Viva la Pepa! Lo que no vale es que aquéllos y aquéllas de poca vergüenza se escondan en advertencias dirigidas al común. Si se quiere curar un cuerpo hay que cortar por lo sano y limpiarlo de lo enfermo. 

Mi amigo tenía razón. Se cierra la puerta y el que no esté que tome nota para la próxima vez.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El papeleo


¡Cómo me aburre la burocracia!

Este año soy el tutor de un grupo de alumnos de Segundo de ESO, la mayoría de 14 años, aunque hay algunos de 15 y alguno que cumplirá los 16 este curso. Casi todos vienen de repetir Primero y han pasado a Segundo por "imperativo legal" como nos gusta decir.

Entre ellos los hay que necesitan apoyo en Lengua y en Matemáticas, otros siguen un programa de enseñanza Compensatoria y tengo algún ACNEE, es decir, de necesidades educativas especiales. Digamos que para la mayoría el estudio no es precisamente su fuerte. Pero todos son nobles, tienen su corazoncito y tienen los sueños y pesadillas de cualquier chico o chica de su edad.

Hoy el Departamento de Orientación me ha entregado unos impresos para que los padres autoricen que sus hijos reciban apoyos. ¿?

Llevamos apenas una semana de clases, y ya cuatro de mis alumnos han sido amonestados por escrito por mal comportamiento. Esto significa que ahora tengo que rellenar un impreso en el que se recuerda a los padres la consecuencia de que su hijo reciba tres amonestaciones: su expulsión por tres días. Ese impreso no se manda por correo, porque eso supone mucho gasto en sellos, y se le entrega al alumno, para que a su vez lo entregue a sus padres para que éstos lo firmen, lo entreguen a su hijo y éste lo devuelva al tutor.

--¿Y si no lo entregan? --pregunto.

--No importa, tú quédate con las amonestaciones de los profesores y anota en tu cuaderno que se le ha comunicado a los padres.

Las siete faltas de asistencia no justificadas a clase acarrean una amonestación. Las justificaciones hay que registrarlas en el programa informático Rayuela.

--¿Cómo hago para justificarlas? --pregunto al Jefe de Estudios.

-- Una vez en Rayuela entras en Seguimiento del Alumno y allí entras en Tutor y vas de alumno en alumno para justificar la falta.

Pero si yo lo único que quiero siendo tutor es animar a mis alumnos, seguir su progreso académico, ayudarles a resolver sus problemas con sus profesores y sus compañeros, y sobre todo decirles que sí, que pueden conseguir aquello que se propongan con un poco de esfuerzo.

Yo no quiero rellenar papeles que no sirven para nada.

¡Basta de burocracia! ¡Viva Sócrates! ¡Viva Luis Vives! 

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Entre pucheros


Víctor Hugo, en Los Miserables, al describir la casa que ocupa Jean Valjean, dice que la presencia de cortinas en las ventanas indica que en esa casa habita una mujer.

En la antigua Grecia el filósofo podía preguntarse por la razón de las cosas porque otros, esclavos, artesanos, comerciantes o funcionarios, satisfacían sus necesidades primarias: la comida en la mesa para su alimento, las sábanas para su descanso, las toallas limpias para su aseo, la ropa que vestía, su paseo seguro por la ciudad…

Hoy en día las cosas no son como en la sociedad esclavista y patriarcal de la antigua Grecia. Hoy día hombre y mujer se reparten en mayor o menor medida dependiendo de circunstancias, educación y costumbres la logística del día a día. Pero, y siempre desde el punto de vista de un hombre, existe una diferencia en el modo de abordar esas tareas “entre los pucheros” como las calificaba Santa Teresa. Si el hombre se interesa por lo práctico y efectivo, la mujer a ello le añade los detalles, en el color, en la textura, en el efecto.

Cuando regresamos por segunda vez al pueblo observamos que el seto que hay delante la casa había crecido de nuevo. Ante la necesaria poda, él quería cortarlo hasta la altura de su rodilla para que al año siguiente su crecimiento no tapase la fachada. Ella se opuso porque pensaba en el presente, en el efecto de frescor, verdura y vida que ofrecía; ella tenía razón.

Cada vez que venimos a esta casa vieja e incómoda, intenta limpiarle la cara, y poda setos, siega hierbas y arranca malezas. Se coloca el delantal viejo que hay detrás de la puerta de la cocina y, armada de una lanza terminada en un trapo enrollado, sugiere a las arañas que se oculten por unos días en las rendijas de las paredes.

Ella intenta hacer en lo posible del lugar que habitamos en cada momento un universo feliz, donde todo sonría.

En lo posible, porque la casa no es propia.

En una ocasión, aprovechando la existencia en la casa de una maquina de coser antigua, quiso cambiar las cortinas. No pudo. La justificación fue que a lo mejor las otras mujeres de la familia no estaban de acuerdo y lo podían entender como injerencia desmesurada. Aún persisten las viejas cortinas de lunares que en su día colocó la dueña.

Tampoco pudo convertir el huerto salvaje que hay detrás de la casa, donde sobreviven lánguidos árboles frutales, y donde año tras año hay que segar una maleza pertinaz, en una pradera de fino césped verde donde pasar las tardes tumbados en hamacas a la sombra de morales y manzanos durmiendo la siesta o leyendo un buen libro.

¡Si ella pudiera! ¡Lo que no haría con esta casa!

Ella, maestra del valor de lo sencillo, de la importancia del detalle y de la trascendencia del trabajo callado.

domingo, 5 de septiembre de 2010

High Noon

No era mediodía o High Noon como en la película de Gary Cooper, eran las cinco de la tarde, una hora muy torera, pero de la misma intensidad dramática. Nuestro protagonista, el nuevo bandido Frank Miller, se dirigía, no al encuentro fatídico con el sheriff Will Kane, sino a la farmacia del pueblo para comprar un paquete de Paracetamol.

Pero el destino, al igual que en la película, es inaplazable. Cuando nuestro villano llegó a la altura del Ayuntamiento cuya fachada adornaban las banderas de España, Europa y Castilla-León, vio, delante de la puerta del Banco, al alcalde, el nuevo Will Kane pero con bigote y un poco más joven. Inevitablemente se encontrarían. ¿Quién sacaría su arma primero?

--“Buenas tardes”--, dijo Frank, serio, fijando su mirada en el rostro seguro del sheriff.

--“Buenas tardes”--, contestó Will, mientras esbozaba una sonrisa cómplice que parecía decir: “¿Satisfecho?”

Una vez más Frank Miller salía derrotado del encuentro pues se quedó con la duda.

Frank Miller nunca sabría si el arreglo del camino de los Cantones había tenido que ver con la protesta encendida pero cortés que el había hecho al alcalde del nuevo Hadleyville, o si el trabajo de desbroce ya estaba proyectado de antemano.

Aunque la sonrisa cómplice del sheriff le decía que su reclamación por lo menos había acelerado el proceso.

Sea lo que fuera a Miller no le dolía en prendas reconocer que se había hecho un buen trabajo. El peligro de una maleza abundante y seca que cubría los senderos y escalaba las paredes de los huertos y cortinas, combustible ideal para un incendio de verano, había desaparecido. La casa de sus antepasados y los pajares estaban ahora protegidos.

La verdad es que nunca, en todos los años que llevaba viniendo al pueblo, se había visto una eficiencia parecida. “Buen trabajo Will, eso es gobernar y administrar: la búsqueda de la felicidad y bienestar del ciudadano.”

En este caso, y ya era hora, el afortunado era él, Frank Miller.

martes, 24 de agosto de 2010

Enemigo / Respeto


Estas dos fotografías aparecen así, una al lado de la otra, en la portada del St. Petersburg Times de Tampa el día 23 de agosto de 2010, en el contexto de la polémica sobre la propuesta construcción de un centro cívico que incluye una mezquita junto al Ground Zero, el espacio donde estaban las torres gemelas de Nueva York.

En la fotografía de la izquierda aparecen solo cinco personas, tres destacadas en el frente y dos apenas visibles en el fondo. De las tres figuras en primer plano destaca un hombre de piel negra, no africano, seguramente de procedencia del subcontinente indio, probablemente pakistaní, indio o bengalí. Detrás de él está una mujer con la cabeza cubierta con un velo y en el fondo un hombre blanco con barba larga. El hombre de color sostiene en la mano derecha una pancarta de la cual no se aprecia nada, excepto unas bandas rojas, y en la mano izquierda muestra un documento. El hombre de la barba larga sostiene una pancarta en la que se lee: GROUNDLESS HATRED IS THE REAL ENEMY; pero en la frase se destacan en letra más negra las palabras HATRED  y ENEMY. La palabra ENEMY aparece justo encima del hombre de color. Las dos personas del fondo apenas se distinguen: una mujer rubia y un hombre con bigote.

En la fotografía de la derecha se pueden contar hasta doce personas y de ellas detacan tres mujeres en primer plano y detrás un grupo de hombres. Todas las personas son de raza blanca. De las tres mujeres del frente, la del centro viste de un rojo fuerte y se cubre con un casco de obra blanco. Las tres mujeres gritan. La del centro, mientras con la mano izquierda sujeta una pancarta, con la derecha levanta con fuerza una bandera de los Estados Unidos. Los hombres del fondo, cubiertos con gorros de béisbol típicos, sujetan banderas americanas y una pancarta de la que apenas se nota una palabra RESPECT.

El grupo de la izquierda está a favor de la construcción del centro cívico y mezquita. El grupo de la derecha está en contra de que se construya una mezquita junto al lugar de la tragedia del 11 de septiembre.

Obsérvese la diferencia del número de personajes en una y otra fotografía.

Obsérvese que si en la izquierda las palabras claves son HATRED y ENEMY (ésta justo encima del hombre de color), en la derecha la palabra clave es RESPECT.

Obsérvese asimismo cómo, si en la izquierda las personas, aunque defienden su postura, mantienen la calma, en la derecha, mientras unas personas gritan y tensas gesticulan, otras ríen.

Es conocido el recurso utilizado en las artes plásticas de situar al protagonista o "bueno" en la derecha y al antagonista o "malo" en la izquierda. En un cuadro, o en un escenario, la mirada y, de ella, la atención se dirige desde la izquierda a la derecha, es decir, al centro de interés.

Me acuerdo de las primeras imágenes de la película Gladiator: en la pantalla, a la izquierda, aparecen los germanos, bárbaros, feroces, salvajes, sedientos de sangre (en realidad defienden su tierra), y a la derecha las tropas romanas, alieneadas en orden, obedientes, civilizadas (en realidad ellos son los dominadores).

Hay que reconocer que la elección de las fotografías y su edición es magistral. El mensaje enviado consigue su objetivo: una minoría extraña y enemiga amenaza a una mayoría patriótica y trabajadora cuya única exigencia es el respeto.

Que cierto es aquello de que una fotografía vale más que mil palabras. Pero a veces el tiro sale por la culata. Porque, como aquí, una imagen también puede mostrar la manipulación y la indecencia.

jueves, 19 de agosto de 2010

Mi cocido


¿Qué es lo que le da el gusto de cocido al cocido?

En el cocido clásico se pueden distinguir muchos sabores: el sabor redondo de los garbanzos, el picante del chorizo, el frío del repollo, el líquido del tocino… Pero hay un gusto rancio, básico, sólido que une todos los sabores y los destaca. Es el sabor del hueso de jamón.

En mi matrimonio, que hoy hace 31 años, también hay distintos sabores.

Está el sabor del humor hecho de años de experimentos para descubrir lo que hace brotar la sonrisa o estallar la risa del otro; el del dolor que notamos y respetamos en los silencios mutuos; el sabor secreto que solo conocen nuestros cuerpos; o el sabor de la admiración por el otro que sentimos en el ensancharse de nuestras mentes.

Pero, querida mía, hay un sabor de hueso de jamón que une todos los demás y ha hecho de nuestro matrimonio un cocido más que decente; es el sabor de la voluntaria, querida y buscada fidelidad. La fidelidad entendida como la consecuencia, el resultado de la confianza en el amor del otro.

Buen provecho amor.

viernes, 13 de agosto de 2010

Los placeres y los días

Nighthawks, Edward Hopper
Cuando llegó al aparcamiento notó que apenas había coches. Empujando la puerta, que se resistía, entró en el Burger King de la plaza. No había nadie. El ambiente de temperatura y luz era el ideal. Presentía una velada especial. Casi disculpándose, pidió un café pequeño. ¿Desea leche? No, gracias. El empleado, de camisa blanca y corbata, le entregó el vaso vacío cerrado con la tapa protectora. Él se dirigió a la máquina y colocando el vaso debajo del rótulo de "Regular" apretó la palanca y dejó que el café humeante lo llenara. Todas las mesas estaban libres. Dudó sólo un momento. Se dirigió decidido a una con bancos junto a la ventana y se sentó. Colocó el café a un lado, se quitó las gafas que llevaba normalmente y sacando las gafas de lectura de su funda se las colocó. Luego abrió con cuidado el libro nuevo, recibido apenas unos días, y comenzó a leer. Estaba solo. Únicamente se oían las voces de los empleados y una música de fondo de canciones de rock clásico. El nuevo libro de Wilkie Collins The Law and the Lady prometía misterio, suspense y sorpresas. La lectura era fácil y agradable. Todo un placer. Y entonces sonó la canción. ¿Cómo era posible que allí en aquel pueblo de Florida sonase aquella canción que había surgido en su país, al otro lado del Atlántico, a finales de los sesenta? Pero era verdad. Mientras leía intentaba distinguir las frases en inglés de la canción.

Black is black, I want my baby back. Grey is grey... Los Bravos cantando en el Burger King de Homosassa.

Se hacía tarde. Podría haberse quedado allí un buen rato pero el gris de la tarde se transformaba poco a poco en el negro de la noche. Y su esposa le esperaba.

Grey, Black. I want my baby back.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Utopía

El fin de semana pasado fuimos a visitar a una pareja de amigos que viven en un complejo residencial llamado 'Los Pueblos".

"Los Pueblos" está en el centro de la península de Florida.

"Los Pueblos" es un complejo residencial destinado a golfistas jubilados que desean pasar el fin de sus días haciendo lo que más les ha gustado en la vida. Se llama asi, "Los Pueblos" en plural, porque está compuesto por numerosas villas, denominada cada una, bien con un nombre exótico de origen hispano como Santo Domingo, Buena Vista… (es interesante como todo lo hispano se convierte en exótico, en el siglo XIX para los Victor Hugos o Manets de Francia, en el siglo XX para los Americanos), bien con un nombre en honor de algún conocido golfista hombre o mujer.

Todo el complejo tiene una extensión de 15 millas de diámetro (se dice pronto), y una previsible población una vez completado de cien mil habitantes. Hay en él en torno a 30 campos de golf; cada una de las villas tiene 27 hoyos o tres campos de nueve hoyos. Las viviendas son distintas en forma y en precio. Las hay de unos 200.000 dólares y otras de hasta un millón quinientos mil

La entrada al complejo está protegida por barreras elevables. Como la carretera que atraviese el complejo es pública las barreras de entrada y salida son libres. Pero la entrada a las distintas villas que componen el complejo sólo está autorizada a los propietarios quienes disponen de una tarjeta que permite levantar las barreras que cierran la entrada.

Las calles tienen un carril expreso para los carros de golf, carros que todo propietario posee.

Cada villa tiene su propio centro de servicios: correo, centro comunitario, piscina. En los centros comunitarios de cada villa se ofrece una innúmera variedad de actividades que cubren desde la actividad física como yoga o Pilates, hasta actividades de ocio como baile de salón, juegos de mesa, clases de informática y cualquier otra que uno pueda imaginar o desear. Existen clubes o grupos para todo tipo de gusto o afinidad. Un dato curioso: hay piscinas en las que la edad minima para bañarse es de 30 años.

El complejo en su totalidad tiene dos plazas donde se concentran todo tipo de servicios: cines, cafeterías, restaurantes, tiendas, hospitales, iglesias (para todas las confesiones), bancos, inmobiliarias, oficinas de seguros, etc. Los edificios de estas plazas están construidos en diferentes estilos, pero todos ellos recordando el pasado histórico o el tipismo de países o lugares: iglesias de estilo colonial español como las que existen en Hispanoamérica, casas que recuerdan por sus porches las particulares construcciones de Key West, o fachadas de edificios típicos de los centros históricos de las ciudades americanas, como el saloon o el General Store.

“¿Cómo se gobierna este complejo?” --pregunté a nuestra amiga, que amable nos enseñaba el complejo residencial. “Esto es propiedad privada de una familia que se encarga del mantenimiento de todo.” Los residentes compran la parcela, construyen la casa según unos modelos preestablecidos y pagan unas tasas para la basura, la luz, el mantenimiento de las infraestructuras y la utilización de los campos de golf. El residente no se tiene que preocupar de nada excepto de lo que ocurre en su casa. Todo lo demás está dado.

Aquello parecía un paraíso en la tierra. ¿Para qué esperar el paraíso en la otra vida cuando se podía tener aquí en esta tierra? Todo lo que uno puede esperar o ha soñado encontrar en el cielo estaba allí. No era distinto al paraíso que los egipcios pintaban en las paredes de sus tumbas para que el “ka” disfrutase en la otra vida: campos fértiles cuidados por esclavos; cañaverales repletos de aves para la caza y río con pesca abundante; mesas preparadas con todos los manjares ansiados. Y todo ello dispuesto para el disfrute acompañado de tu amada. ¿Qué más se puede pedir?

New Harmony
La utopía de Marx hecha realidad, aunque sólo para unos pocos. También en el siglo XIX Owen, Fourier y Saint Simon imaginaron proyectos de sociedades utópicas (Owen llegó a fundar su utopía en América con el nombre de New Harmony). En el siglo XVI ya lo había hecho santo Tomás Moro. Platón antes de él en el siglo V a.C. El hombre siempre ha soñado con crear su cielo en la tierra.

Seguramente, si preguntásemos a los residentes, "Los Pueblos" lo ha conseguido. Para los golfistas jubilados de Buena Vista o Santo Domingo ésta es la última posibilidad de felicidad antes de la muerte. En este cielo la juventud está retringida porque supondría una dolorosa nostalgia y una fútil tentación para los mayores. Limpieza, orden, previsibilidad, aislamiento, paz, sibaritismo: este es el cielo en "Los Pueblos". Me recuerda el paraíso de las portadas románicas: todos los santos firmes y rígidos en perfecto orden, protegidos por el techo del cielo, pero prisioneros.

Yo prefiero el infierno de la libertad y de la solidaridad.

jueves, 5 de agosto de 2010

Generosidad

Alegoría de la generosidad


La luz de una lámpara puede disipar todas las sombras de una habitación. Una virtud puede hacer lo mismo con una vida.

Hay una persona que siempre recordaré por su generosidad.

Como si se tratase del director de una empresa cualquiera, que tiene que hacer provisiones de dinero para amortizar el desgaste del capital fijo: edificios, vehículos, máquinas, equipos informáticos, etc., en la gran empresa de su vida, esta persona tiene también un apartado de provisiones para amortizar el no ser valorada como debiera por sus seres queridos.

Una parábola del Evangelio cuenta que un administrador de los bienes de su amo, temiendo que éste le despidiese y le arrojase a la calle, decidió llamar a todos los que tenían cuentas pendientes con su señor y rebajarles o perdonarles las deudas. De esta forma cuando su amo le despidiese tendría numerosas personas a las que acudir.

La persona de la que hablo, sin el cálculo del administrador de la parábola, tiene las puertas abiertas en muchos corazones en deuda. Porque ella ha vivido, a su manera, para los demás. Ha sido generosa con su tiempo y desprendida con sus bienes.

Nunca dudó cuáles eran sus prioridades en esta vida. Cuando nació su nieta en un país extranjero viajó para acompañar a su hija en esa experiencia única del parto. Cuando nació su nieto hizo lo mismo. Ya avanzada en años, se desplazó para asistir religiosamente a los bautismos, comuniones y confirmaciones de sus nietos.

Y aunque ahora su memoria ya refleja el peso de los años, no pasa un cumpleaños o un aniversario sin que familiares o amigos reciban el recuerdo y la felicitación. Que yo recuerde no ha habido Navidades en las que sus hijos y nietos no hayan recibido indefectiblemente su presente.

En la imagen que ilustra la virtud de la generosidad aparece una mujer tocada con una corona de oro que simboliza la realeza o nobleza de dicha virtud. A sus pies tiene un león porque es el animal más fuerte y por ello más generoso. Con la mano derecha aparta de sí una cadena de oro indicando su desinterés por los bienes materiales.

La persona de la que hablo, aunque republicana, bien podría ser la mujer coronada de la imagen.

lunes, 2 de agosto de 2010

Hi!


Cuando tus dudas sobre la sensatez humana han llenado casi la copa de tu capacidad de asombro y apenas te resistes a abandonar toda esperanza en el hombre, de pronto, como el relámpago que rasga la noche e ilumina el camino, se presenta la maravilla, y tras el telón del desencanto aparece de nuevo radiante la sonrisa, esa sonrisa que no puede explicarse por medios naturales.

Ayer, mientras, disfrutando del sol tropical y rodeado de palmeras, me bañaba solo en la piscina comunitaria del bloque de apartamentos donde vive mi suegra en Florida, se abrió la verja metálica que la rodea, y apareció, de la mano de su madre, una niña de apenas dos años diciendo atrevida: Hi; seguramente una de las pocas palabras que ya ha aprendido de, a juzgar por las apariencias, sus bien educados padres. El saludo se repitió varias veces y siempre acompañado de una amplia sonrisa de oreja a oreja. La niña vestía un bañador de color rosa pálido de dos piezas, un sombrero de tela y unas enormes gafas de sol. Por si su primera actitud no te había cautivado, su apariencia ya te predisponía plenamente a su favor.

Hoy, casi a la misma hora, ha vuelto a la piscina y como traía de la mano a su padre no saludó, seguramente porque no quería compartir con nadie su trofeo. Mientras yo intentaba continuar con la lectura apasionante de “The Woman in White”, no podía sustraerme a escuchar la alegría de la niña en el agua. En uno de los momentos miré y vi a la niña sentada en las escaleras de acceso al agua y a su padre que, a su lado y jugando con ella, se sumergía y permanecía un tiempo bajo el agua. Ella, preocupada por la tardanza en salir del padre, agarraba su cabeza y la intentaba sacar al aire. Cuando por fin su padre surgía del agua su grito: iiairriiis (Here he is) resumía la alegría de ver de nuevo al objeto de su pasión y exclusiva propiedad. La escena se repetía una y otra vez y yo no podía sino sonreír. También me hacia feliz el ver que el cuidado y la atención de sus padres jóvenes no les impedía gozar del placer de la alegría de su hija.

Para mí la escena que presenciaba era la demostración de que tiene que existir algo que explique tanta belleza.

sábado, 17 de julio de 2010

El viejo moral del huerto

En el huerto detrás de la casa está el moral ya viejo. Emperador del huerto, aguarda paciente la visita ineludible de los intrusos. En él abundan ahora más las ramas secas que los brotes verdes y hay menos moras. Antes las ramas eran decididas, largas y frondosas, y escondidas bajo las hojas aparecían las moras blancas, rosadas y moras, de sangre púrpura, casi negra. El moral no ha sido cuidado, podado, dirigido y ahora sobrevive anárquico. Pero resiste, y año tras año surgen brotes de hojas nuevas. Porque la vida sigue y las generaciones (troncos y ramas) pasan. Las nuevas ramas y hojas se apoyan en el tronco viejo, pero brotan libres hacia el abierto futuro del aire.

Algo semejante a lo que le ocurre al viejo moral pasa con las sociedades. Si la sociedad no es cuidada, podada, y dirigidos sus impulsos vivos, se desarrollará sin rumbo y caerá en la anarquía, entendiendo ésta en su verdadero sentido griego: ανα-άρχή sin guía, sin orden.

Esto me viene a cuento en relación con el tema del Estatut de Catalunya. Una ley primero aprobada en el Parlament, luego ratificada mayoritariamente en referéndum por el pueblo de Cataluña y finalmente consensuada en el Parlamento español, ahora es recortada por el Tribunal Constitucional, porque no se ajusta a la Constitución española, según unos individuos en los que la misma Constitución ha depositado la facultad de decir lo que es legal y lo que no lo es.

Cataluña hizo una apuesta arriesgada a sabiendas de las consecuencias. Tesis, antítesis, síntesis. ¿Se apostó por el tope sabiendo que no se conseguiría, para al final quedarse con el máximo posible?

El problema es de democracia: ¿tiene razón la mayoría o debe ésta someterse también al dictado de la ley preestablecida por el propio pueblo: la Constitución Española?


Es obvio que existe una diferencia, histórica, cultural, lingüística catalana. ¿Forma parte la rama (Cataluña) del tronco (España)? La Constitución española fruto de la historia común de un pueblo dice que sí. La rama del pueblo catalán quiere crecer por un lado y el podador (el Estado) amarra y corta los extremos de ese brote. ¿Conseguirá el podador detener el impulso del brote y reconducirlo para que no desentone del resto del moral, o al final esa savia catalana hará caer la rama y decidirá formar su propio árbol?

En Historia lo que hoy es blanco mañana puede ser gris y pasado mañana negro. Al final, al igual que el agua de los ríos modela insistente su cauce, las personas hacen día a día su Historia. Las presas de los ríos contienen el agua en condiciones normales, pero el paso del tiempo las va desgastando y a veces las riadas se las llevan por delante.

jueves, 15 de julio de 2010

Un momento que ya voy…

Lady Surra

Hoy Radio Nacional ha hecho una encuesta sobre quién ha ganado en el debate sobre el estado de la nación. La opinión se divide entre Zapatero y Rajoy. Yo me sumo a la opinión de un periódico que hoy titulaba que Zapatero ha salido vivo.

Pero en realidad yo creo que esto interesa a muy pocas personas. La política tiene mucho de teatro y cada uno tiene que representar su papel para ganarse el sueldo.

A la gente le interesan otras cosas. A mí personalmente el debate me ha vuelto a recordar que como funcionario me han agredido y me han rebajado el sueldo, cosa inaudita en la Historia. Después del subidón de la Copa del Mundo hemos vuelto a la realidad cotidiana de seguir con nuestras vidas y a disfrutar con lo que hay: el fresco de la mañana, el solecito en el jardín sentado bajo la sombrilla escuchando el rumor del río y el canto de los pájaros, el pincho de queso y chorizo a media mañana, la sopa de fideos y el cocidito para comer, la siesta hasta las cinco, la consulta del correo por si hay noticias de mis hijos, la charla vespertina con mi amor, la lectura frenética de Los Miserables, el paseo con una Surra saltarina por el monte, las novedades futboleras en la radio, etc.

Creo que Surra tiene el secreto: de la cama a la calle, de la calle a la mesa y de nuevo a la cama, y entre tanto a tomar el sol, y cuando calienta en exceso a resguardarse a la sombra y vuelta a empezar. Ahora, mientras escribo antes de la siesta, la creo escuchar que desde la cama me dice: ¿vienes ya o qué?