lunes, 13 de diciembre de 2010

Encrucijadas


Hace unos días, animando a mis alumnos para que aprovecharan el tiempo, estudiaran y al menos sacasen el Graduado, J.C. me sorprendió diciéndome "Mi padre dice que este sistema educativo no está hecho para chicos como yo". J.C. es un alumno que se niega a aprender. El se sienta junto a la ventana, se repantinga en la silla y cuando no intenta jugar con algún compañero o compañera, dibuja una y otra vez su firma graffitera. En aquel momento pensé que para él no había sistema educativo que valiese.

Pero le vengo dando vueltas a esa declaración, y si me pongo a analizar la realidad, yo estoy de acuerdo con él. El sistema tiene muy buenas intenciones, por ejemplo la universalidad de la educación, pero tiene también sus trampas. La obligatoriedad ha hecho que un alumno tenga que estar en el sistema normal aunque no quiera. Si en un curso no supera más de dos asignaturas debe repetir. No importa. Él sabe que repitiendo el mismo curso, al siguiente año, aunque no haga absolutamente nada, va a pasar al curso siguiente. Las asignaturas pendientes se le acumulan, de tal modo que es humanamente imposible recuperarlas. La salida es que repita una segunda vez. Y ¿luego? pues, o sigue algún programa de diversificación o, cuando tenga 16 años, obtiene un certificado de escolaridad; lo que significa no obtener el Graduado y no poder optar por trabajos que lo exigen.

Y ¿qué pasa con aquellos que quieren pero no pueden? ¿Por qué no se les da una educación adaptada separándolos de aquéllos que no quieren estudiar? Porque no hay recursos. Eso sí, hay leyes y leyes a porrón, que si adaptaciones imposibles, que si programas que rebajan los contenidos hasta límites insospechados, pero ¿más recursos humanos?, de eso nada. 

Los alumnos que no quieren estar en el sistema, si quieren aprender un oficio deben esperar al menos hasta los 16 años para poder acceder a un módulo profesional. El problema de los módulos es que, si bien dan una salida educativa, no son rentables. Un módulo de peluquería con veinte alumnos produce al cabo de cinco años 100 peluqueros. Muchos peluqueros. Pero se ha invertido mucho dinero en montar las instalaciones, los equipos y los profesionales y debe seguir produciendo peluqueros. 

Otra solución podría ser mantener los centros de Secundaria para aquellos que "quieren" estudiar, tanto para los buenos como para los menos buenos. Y habilitar otras fórmulas para aquellos que llegada una edad, digamos catorce años, no quieren estudiar y quieren aprender un oficio. El dinero que se gasta en programas inútiles se ofrecería a empresas que se comprometiesen a enseñar un oficio; empresas a las que se les exigiría, para cobrar la subvención, una responsabilidad, evaluable en el aprendizaje del alumno o alumna. El alumno podría recibir al mismo tiempo en la propia escuela clases en destrezas básicas de matemáticas, lenguaje, idiomas y cultura general. Quizás con el estímulo de lograr el aprendizaje del oficio, el alumno reconsiderase su motivación a la hora de aprender números, letras, y fechas. 

Mientras tanto, algunos alumnos vegetan en nuestras clases hasta los 16 o 18 años para, al final, sin Graduado, salir a engrosar la multitud de personas sin cualificación alguna, que van a ser pasto del paro o de la asistencia social.   

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El quid de la cuestión

Juan Luis Vives en sus Diálogos, por boca de Sofóbulo (el hombre prudente, sabio y de consejo) aconseja a Filipo (Felipe II) en el capítulo El Príncipe Niño

So. No hay cosa tan fácil, que no sea difícil, si la haceis de mala gana. La tarea de los estudios no es pesada para aquel que la lleva de buena gana: mas para el que de mala, aun el jugar y pasear en lugares muy amenos, le es cosa muy pesada é intolerable. Para ti, Moróbulo, amigo de chanzas, y toda la vida acostumbrado a ellas, hacer, ú oir alguna cosa seria, te sirve de muerte: á otros por el contrario, parecería pesado el vivir, si viviesen ese modo de vida.

Juan Luis Vives. Diálogos. El Príncipe Niño. Moróbulo, Filipo, Sofóbulo. Edición de 1817. Pag. 313
SOFÓBULO.- Hombre prudente, sabio y de consejo.
MORÓBULO.- Adulador, baladí, ligero, y aun necio.

 
Hoy se publicaban los resultados del Informe PISA 2009. El País daba la noticia de este modo:

"Examen a la educación secundaria - El informe PISA 2009
(Titular) La escuela se instala en la mediocridad
(Entradilla) El nivel educativo de los españoles de 15 años es menor al de la media de la OCDE - Los métodos caducos y la deficiente formación del docente se señalan como causa

(Cuerpo) … el estudio presentado ayer, que muestra la emergencia de Asia también en educación, coloca a España por debajo de la media y dibuja un sistema que funciona mejor que otros en las peores circunstancias (con alumnos de contextos más desfavorecidos) pero falla claramente en excelencia.

Según los especialistas … no se han tocado suficientemente aspectos que lastran. Por ejemplo, la organización parcelada de las asignaturas y sus contenidos, la formación y la selección del profesorado para elegir a los mejores, la autonomía de los centros y capacidad pedagógica de la dirección escolar, o la elevada repetición de curso, resume el catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada Antonio Bolívar.

El catedrático de Didáctica de la Matemática de la Universidad de Extremadura Lorenzo Blanco y la profesora de Didáctica de las Ciencias de la Universidad de Santiago Maria Pilar Jiménez apuntan algunos: mejorar la formación de los profesores, cambiar unos contenidos que son del siglo pasado y potenciar la enseñanza práctica.

El que sí es un gran condicionante, según PISA, es el nivel socioeconómico y cultural de los alumnos y de los centros. La diferencia media entre los alumnos que tienen en casa menos de 10 libros y más de 500 es de 124 puntos en España y de 126 para toda la OCDE...

En cualquier caso, todo eso tiene que ver con la exigencia que, en creencia generalizada, es muy baja en España... Pero las cifras de PISA dicen otra cosa. El sistema educativo español suspende a más alumnos que la prueba de PISA..."

Sólo algunas reflexiones:

En la entradilla, curiosamente, sólo se destacan dos causas de las varias que luego se presentan en el cuerpo y que son: los métodos caducos y la deficiente formación de los profesores. (Sólo uno de los factores en el proceso enseñanza-aprendizaje).

Pero, y de nuevo curiosamente, quienes aluden los motivos del fracaso son Catedráticos de Didáctica, supuestamente aquellos que deberían formar a los profesores.

De nuevo volvemos a esconder la cabeza bajo el ala.

Se parte de la teoría elaborada a partir de una práctica pasada para analizar una realidad, una práctica nueva. Realidad que exige un análisis a partir del cual poder construir una nueva teoría. ¿Cuántos de los teóricos han visitado un aula actual de alumnos de 15 años? ¿Cuántos trabajadores a pie de obra han sido consultados para saber cómo marcha la construcción?

La nueva realidad incluye una insultante falta de motivación y hasta desprecio por la cultura. ¿Qué puede motivar a un joven o una joven de 15 años de un humilde barrio de ciudad a descubrir la belleza de una obra literaria, o de una catedral, o de la generosidad de los hombres y mujeres del pasado, cuando, no ya la familia, lastrada por falta de recursos, sino una sociedad para quien el héroe es aquel que puede vivir del cuento, de la manipulación, del engaño y de la sinvergonzonería?

Estoy de acuerdo con que es necesario motivar a los alumnos, y que gran parte de la motivación está en el dominio por parte del docente de la materia que se enseña. Pero previo a todos los métodos que se quiera, son necesarias dos condiciones para la mejora. Primera: es imprescindible recobrar un mínimo, ¿digamos quince minutos?, de silencio al inicio de la clase para escuchar las instrucciones o explicaciones del profesor. Y segunda: el alumno tiene que hacerse callos en los codos, señal de que estudia, y en el dedo índice, señal de que escribe. Y en ambos condicionantes las familias deben ser intransigentes y apoyar al docente. Sin escuchar al profesor es imposible comprender las mínimas explicaciones, que se pierden en ruegos de silencio. Sin estudiar es imposible que frague el hormigón de cultura que se ha depositado por las mañanas y se construya poco a poco el edificio de la persona.

Decía Juan Luis en el siglo XVI que la tarea del estudio debe ser realizada de buena gana.

Amigo Juan Luis, he ahí el quid de la cuestión.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Sine verecundia

La palabra sinvergüenza se compone de dos partes, el prefijo sin y la palabra vergüenza.

sin.
(Del lat. sine).
1. prep. Denota carencia o falta de algo. (Diccionario de la Real Academia Española)

vergüenza.
(Del lat. verecundĭa).
1. f. Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena. (Diccionario de la Real Academia Española)

Etimología de vergüenza:

Del latín verecundĭa. La terminación -cundo es propia de algunos adjetivos verbales latinos, y transmite a quien la posee las facultades definidas por el verbo. Así, de fari “hablar” tenemos facundo, “hablador, parlanchín”, y de feo “producir, generar” nos encontramos con fecundo, “productivo, fértil”. Verecundo deriva del verbo vereri, que literalmente significa “temer, no atreverse a hacer algo”, pero no por miedo o terror, sino por respeto o reverencia, palabra que procede de ese mismo verbo. 1

Por tanto, sinvergüenza: ausencia de vergüenza, ausencia de verecundĭa.

Aplíquese a discreción.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Nel mezzo del camin


Había llegado a una edad frontera. Estaba aún en el curso medio del río donde aún puede haber meandros. Pero nota ya que las aguas se calman y, aunque aún está lejos, adivina ya la mar en el horizonte lejano.

En ese momento los retoños de su árbol han prendido, crecen sanos, y él sabe que resistirán a vientos, heladas y sequías.

Prevé que poco a poco, no muy tarde, comenzarán a surgir los pequeños achaques, y quién sabe qué sorpresas de salud le aguardan.

Pero con todo, sabe que aún le queda tiempo para experimentar, para conocer, para crecer.

Pero, sobre todo, sueña con vivir, junto a la persona que ama, todas, absolutamente todas las experiencias que vive un hombre normal de su edad, sin ninguna excepción, ninguna.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Requiem por unos humildes depósitos de agua de estación de tren

Ser o no ser. Hay elementos en nuestro paisaje que se presentan como un interrogante. En este caso parece que ni piripintado. En el barrio de San Miguel existían hasta ayer, junto al puente sobre la antigua vía Plasencia-Astorga, al lado del actual Instituto de Secundaria, dos depósitos de agua. Su diseño cilíndrico estaba compuesto de dos partes, una base de albañilería y un segundo cuerpo metálico de depósito para el agua. Ambos estaban conectados como vasos comunicantes por medio de tubos. El diseño es frecuente en este tipo de instalaciones. Como decía, hasta ayer eran un elemento del paisaje de San Miguel. Ayer por la mañana contaba en esta página que había visto un camión de Grúas Eugenio. Cuando salimos a mediodía los trabajos de derribo habían empezado. Uno de los cilindros metálicos había sido abierto como panza de cerdo por el soplete y se trabajaba en separlo de la base de albañilería. Si se siguió trabajando toda la tarde es posible que hoy cuando llegue al Instituto hayan desaparecido.
Ciertamente los dos depósitos tapaban la perspectiva del edificio del Instituto, por otro lado, ninguna joya, a mi humilde modo de ver, de la arquitectura moderna, a no ser como símbolo del modelo educativo público que nos espera: gris. Los depósitos eran un elemento de arquitectura histórica. Representaban la huella de un pasado donde el ferrocarril tuvo su importancia y como tal vestigio histórico habría que conservarlo por su singularidad. Como los depósitos, hay otros elementos en San Miguel que merecen atención y que, si desapareciesen, San Miguel dejaría atrás parte de su memoria. Ambos depósitos estaban situados en una zona aprovechable para zona verde, y podrían haberse transformado para un uso colectivo: un pequeño museo antropológico, la sede de alguna asociación de vecinos... Los depósitos están en propiedad pública, del Estado, y uno no se explica, no ya la falta de sensibilidad histórico-cultural (que es mucho pedir), sino la ausencia de una política de la propia Renfe para conservar su patrimonio histórico, si no por motivos económicos, al menos por mantener aquello que ha constituido parte de su propia identidad. Los depósitos desaparecerán. Quedarán fotos antiguas que con el paso del tiempo se volverán de color sepia. Nuestra sociedad barre y olvida, en un salto continuo hacia adelante. Pero la Historia, para mí, es como la labor del punto, uno hacia adelante pero enganchando con el anterior, y así se construye el tejido sólido. Si damos demasiados saltos y perdemos los puntos, al final el tejido se deshilacha y hay que volver a empezar, pero ¿de dónde?.

(Nota: Cuando he llegado al Instituto he comprobado que han cortado uno de los depósitos metálicos. Los restos parecen enormes escamas o conchas de un antediluviano insecto... Continuará)

Depósitos de agua de la estación de tren de Plasencia

jueves, 2 de diciembre de 2010

Carpe diem

Al pasar hoy por el puente de Trujillo me preguntaba si los pájaros blancos seguían aún allí. La niebla era espesísima. Apenas se podía ver sobre el agua, como en un espejo, el reflejo plateado de la tímida luz de madrugada.  Sobre el horizonte de la Sierra de Santa Bárbara se dibujaba el perfil islámico de una luna pálida dispuesta como un acogedor sillón y al lado el brillo vanidoso de Venus. Insolentes al tiempo ahí estaban aún acurrucados ofreciéndonos el color blanco de sus plumas como luces en un árbol natural de Navidad. Me imaginaba el puente, no el actual de la era industrial, elevado y resistente al paso del acero, sino el antiguo, el de piedra, bajo, envuelto por la niebla profunda, y a los antiguos placentinos del otro lado del río embozados en sus capas, dispuestos a enfrentar la labor de una nueva jornada entre las murallas. Y al igual que entonces sobre las losas de piedra, ahora se veían las huellas de las pisadas de los modernos trabajadores rompiendo el vaho de las aceras. Aún a pesar del ruido de camiones, autobuses y coches, uno podía detenerse en la belleza conjuntada de la niebla, el agua, la noche y la vida dormida en los árboles. Una imagen más que me llevo hoy. 

(Nota: He visto a un camión de Grúas Eugenio junto al Instituto. Dos operarios dirigían sus miradas a los dos depósitos cilíndricos de agua de la estación... Continuará.)

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Érase una vez...

"¿Qué estarán haciendo?" Tenía de pronto la urgencia de sentirlos cerca. Le preguntó a ella "¿Cuál es su dirección?" "Calle.... Nº....", respondió. Buscó en la pantalla de su ordenador el icono de Google Earth. Pronto la esfera azul apareció sobre la ventana abierta mostrando en su centro el verde de la península Ibérica y al sur el ocre del desierto del Sáhara. En la columna lateral de la leyenda, introdujo la dirección en la pestaña Volar a, y luego pulsó el símbolo de la lupa de búsqueda. Entonces, la familiar esfera de la Tierra comenzó a girar y la imaginaria nave, atravesando el azul del océano, en el que se podían distinguir las dorsales oceánicas que como espina ampara y separa el esqueleto de placas, llegó hasta la costa verde del Nuevo Mundo. El movimiento poco a poco se fue deteniendo en el lugar indicado. Podían verse desde arriba, en un mar de verde intenso, las manchas blancas de las casas dispersas, y entre ellas dos líneas de sombra de dos carreteras que se cruzaban. Justo en el cruce se apreciaba una mancha oscura de agua que se aclaraba en sus bordes. "Ahí está el estanque". Sólo quedaba conducir el puntero del rátón al signo de ampliación que aparecía a la derecha de la pantalla. Dudó por un momento. Parecía como si, como un espía o un ladrón, violara la intimidad sagrada del objetivo de su búsqueda. Pero tenía a la vez la íntima esperanza de que el milagro se produjese; como cuando, cerrados los ojos, soplas la tarta, y piensas muy fuerte que tu deseo se cumpla. Definitivamente acercó la flecha sobre la escala de ampliación y apretó. Una, dos, tres veces. Comenzaba a distinguir los detalles de la casa: la entrada y el jardín trasero. De nuevo pulsó una, otra y otra vez. La imagen se agrandaba y se acercaba. La perspectiva iba modificándose. De la vista cenital pronto se convertiría en lateral. "Mira ahí está el garaje y ahí está el porche de lectura". Entonces, su perra melosa, acurrucada en su regazo, llamó su atención y él se volvió hacia ella. Al poco regresó a la pantalla del ordenador. En la imagen, la puerta de la casa se abrió y de ella salieron los dos perros alegres y detrás los dos. "¡Eh! ¡Hola!", gritó él desde arriba. Y ellos levantaron la vista y saludaron. Sonreían.