lunes, 27 de septiembre de 2010

If you prick us, do we not bleed?

If you prick us, do we not bleed?
if you tickle us, do we not laugh?
if you poison us, do we not die?
and if you wrong us, shall we not revenge?

Shakespeare. The Merchant of Venice
Act 3, Scene 1


Buscando información sindical, entré en la página de Comisiones Obreras y me topé con una encuesta sobre la Huelga del 29 de septiembre. Una de las cuestiones era si consideraba que las medidas del Gobierno (bajada de sueldo) afectarían al desarrollo de mi trabajo. Las opciones de respuesta eran, creo recordar: sí, en cierta medida y no.

Yo contesté que no.

Por curiosidad, miré el resultado de cómo habían votado otros antes que yo y vi que la mayoría decía que sí, que les afectaría en su trabajo.

Mi trabajo es un trabajo, y como tal, cualquier medida, por las razones que sea, que lo disminuya, lo degrade, debiera afectarle negativamente (if you wrong us, shall we not revenge?). Pero la particularidad es que mi trabajo es un trabajo con personas, con seres humanos, con jóvenes que aprenden, que en ocasiones se asombran, que a veces se interesan y a veces se aburren. Yo trabajo con espíritus para que piensen, para que critiquen, para que sean libres. Yo no trabajo con máquinas, o con papeles o con ordenadores, que no piensan, no sienten, no ríen y no sufren. Pero mis alumnos sí.

Cuando estoy en clase, ¿cómo puedo olvidar que estoy con personas? Mis alumnos podrían decir, como Shylock en el Mercader de Venecia, "If you prick us, do we not bleed?" 

El miércoles iré a la huelga y al día siguiente seguiré enseñando a mis alumnos todo cuanto sé y haciendo todo cuanto pueda para ayudarles a ser justos y benéficos.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Did she pee?

A veces hay pequeños despistes que salen caros.

Era una noche cualquiera. Cuando eran en torno a las diez, bajamos a darle a la perra su último paseo del día. Pero cuando llegamos a su territorio favorito, después de olisquear la base húmeda del poste de Prohibido el Paso a vehículos, colocado a la entrada del camino que lleva al parque de la Isla, y cuando ella había descendido el escalón que separaba la acera del pseudojardín donde ahora renacen los brotes de un antiguo árbol cortado, algo de importancia nos debió entretener en nuestra usual dialéctica, que al poco vimos a la perra volver a la acera y olisqueando el suelo dirigirse a otro afán. 

-- Did she pee? --preguntó la dueña, que presentía angustiada la papeleta que nos aguardaba ahora.

Si había meado, la perra ya estaba servida y podía retirarse a esperar, después de acurrucarse en su cómoda cama junto a su manta de lana azul favorita, otro día en el que vivir su vida de perra. Si no lo había hecho, en algún momento necesitaría devolver a la naturaleza su deuda.

-- No lo sé --contestó el dueño para quien, de costumbres fijas, se aproximaba la hora ineludible de entregarse a los dulces brazos de Morfeo.

Recorrieron arriba y abajo itinerarios seguidos por la perra en otras salidas. Animaron al pobre animal a resolver la duda que les asaltaba. Pero después  de mucho ir y venir y varias versiones del "Good girl", expresión que solía tener su efecto, de hacer a la perra agachar sus cuartos traseros y levantar la pata, decidieron dar por perdida la causa.

Volvieron a la casa y la sacrificada dueña se dispuso a velar delante de la televisión hasta una hora prudente, cuando bajaría de nuevo e intentaría, esta vez sin quitarle el ojo de encima, que la bendita chucha se apiadase de sus ojos cansados y depositase sobre la acera la líquida prueba.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El papeleo


¡Cómo me aburre la burocracia!

Este año soy el tutor de un grupo de alumnos de Segundo de ESO, la mayoría de 14 años, aunque hay algunos de 15 y alguno que cumplirá los 16 este curso. Casi todos vienen de repetir Primero y han pasado a Segundo por "imperativo legal" como nos gusta decir.

Entre ellos los hay que necesitan apoyo en Lengua y en Matemáticas, otros siguen un programa de enseñanza Compensatoria y tengo algún ACNEE, es decir, de necesidades educativas especiales. Digamos que para la mayoría el estudio no es precisamente su fuerte. Pero todos son nobles, tienen su corazoncito y tienen los sueños y pesadillas de cualquier chico o chica de su edad.

Hoy el Departamento de Orientación me ha entregado unos impresos para que los padres autoricen que sus hijos reciban apoyos. ¿?

Llevamos apenas una semana de clases, y ya cuatro de mis alumnos han sido amonestados por escrito por mal comportamiento. Esto significa que ahora tengo que rellenar un impreso en el que se recuerda a los padres la consecuencia de que su hijo reciba tres amonestaciones: su expulsión por tres días. Ese impreso no se manda por correo, porque eso supone mucho gasto en sellos, y se le entrega al alumno, para que a su vez lo entregue a sus padres para que éstos lo firmen, lo entreguen a su hijo y éste lo devuelva al tutor.

--¿Y si no lo entregan? --pregunto.

--No importa, tú quédate con las amonestaciones de los profesores y anota en tu cuaderno que se le ha comunicado a los padres.

Las siete faltas de asistencia no justificadas a clase acarrean una amonestación. Las justificaciones hay que registrarlas en el programa informático Rayuela.

--¿Cómo hago para justificarlas? --pregunto al Jefe de Estudios.

-- Una vez en Rayuela entras en Seguimiento del Alumno y allí entras en Tutor y vas de alumno en alumno para justificar la falta.

Pero si yo lo único que quiero siendo tutor es animar a mis alumnos, seguir su progreso académico, ayudarles a resolver sus problemas con sus profesores y sus compañeros, y sobre todo decirles que sí, que pueden conseguir aquello que se propongan con un poco de esfuerzo.

Yo no quiero rellenar papeles que no sirven para nada.

¡Basta de burocracia! ¡Viva Sócrates! ¡Viva Luis Vives! 

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El culo con las témporas

Cuando se trata de relacionar dos temas que en apariencia no tienen nada que ver, en castellano hay un dicho que reza: "no se debe confundir el culo con las témporas".

Pues bien, venía yo hoy de mi trabajo y al pasar por delante de la calle Leonor de Plantagenet vi las, ya tratadas en este blog, famosas escaleras mecánicas, que avanzan en su montaje, de tal forma que ya puede visualizarse cómo van a quedar definitivamente.

Probablemente estén terminadas mucho antes de las elecciones de 2011, para que de ese modo la alcaldesa pueda ofrecer uno de los logros de su gestión a la ciudadanía que vaya a ejercer su derecho al voto.

Pues, como digo, venía yo de mi trabajo, y de ganarme el sueldo laboriosa y honradamente, intentando enseñar a mis alumnos, y al ver las dichosas escaleras me entró un cabreo tal, que quiero dejar constancia de él en esta entrada.

Como ya dije en otra ocasión, las escaleras son un lujo y un despilfarro, que si lo construyese la señora alcaldesa de su propio bolsillo, a mí como si se la refanflinfa, pero cuando lo que se ha hecho es con mi dinero, eso ya es otra cosa. Porque encima, después de despilfarrar, van y para arreglar el destrozo me recortan casi un diez por ciento el sueldo. ¿Pero, esto qué es? Y es que encima somos gi... y aguantamos como si no pasase nada.

El día 29 me van a volver a quitar más de cien euros en el sueldo, como hicieron en la última jornada de protesta, pero yo, por mínima dignidad, voy a hacer huelga.

martes, 21 de septiembre de 2010

Pequeño gran problema

A veces nos falta la suficiente motivación para solucionar un problema a todas luces soluble.

En el servicio de la casa del pueblo hay varios problemas pero hay dos que destacan porque se manifiestan diariamente.

Uno es el grifo de agua fría o derecho del lavabo.

En el espacio del lavabo destinado a jabonera en ese lado siempre hay un pequeño charco de agua. La causa es que, o el grifo no está bien ajustado, o alguna de sus juntas falta o está en mal estado. 

Obviamente no puede colocarse ahí el jabón porque al humedecerse se ablanda y se deshace en las manos. 

El otro problema está relacionado con el anterior.

Llega un momento en que el charco de agua en el espacio de la jabonera del lavabo se desborda y entonces gotea dejando el charco en el suelo.

La solución es mover el jabón a su lugar determinado: la jabonera incrustada en la pared. Y aquí viene el problema: la jabonera está justo encima del dispositivo para el papel higiénico que también está incrustado en la pared. Cuando se coloca el jabón en la jabonera, el agua que arrastra la pastilla de jabón se acumula y si supera el escaso límite de contención de la jabonera se desborda y gotea. Las gotas de agua caen justo encima del papel higiénico, lo que como uno puede imaginar supone un inconveniente en momentos críticos.

La solución ha sido doble. Para mantener el jabón seco en la jabonera de la pared se ha colocado una jabonera de plástico a la que se le han cosido unos pequeños palos en la base para elevarla y a la vez permitir que el agua que se acumule en ella se filtre a la jabonera de la pared.

Exacto. El agua sigue goteando.

La solución final es que el papel higiénico ahora emigra a la repisa de la ventana o al borde de la bañera situada frente a la taza.

Quizás algún día a alguien se le ocurra arreglar el grifo. 

domingo, 19 de septiembre de 2010

Vir, virtus, virtud

Virtudes que debe tener un yerno ideal:

Amar a mi hija. El amor se palpa en la mirada de él a ella cuando ella no le mira; en cómo le coge la mano cuando pasean; en cómo la admira por lo que hace; en cómo valora lo que ella dice; en cómo procura que ella brille; en cómo respeta su camino distinto; en cómo procura adaptarse a las peculiariadidades de su cultura diferente...

El trabajo y esfuerzo. Se manifiestan en la entrega y energía que él desempeña en los trabajos de la casa: lavar la ropa, preparar la comida, hacer la compra; en la seriedad en su trabajo: en las relaciones con sus clientes, en su afán de superación y mejora.

La ambición: se muestra en hacer progresar su propia empresa; en realizar un hogar soñado; en la claridad en los objetivos y la perseverancia y voluntad en llevarlos a cabo.

El anclaje en valores de siempre: el amor filial; el cuidado de la familia; la elegancia y cortesía con los mayores; el respeto, consideración y reconocimiento de sus suegros; la fidelidad a una tradición de creencias heredadas de sus antepasados; la generosidad de alma y bienes; la honestidad y la honradez.

El sentido del humor: es difícil mantener la sonrisa y relativizar los problemas cuando se pretende iniciar una familia, crear un hogar y procurar los medios para hacer frente a responsabilidades futuras.

Lo difícil es expresar estas virtudes y mantenerlas de un modo natural y continuado, no forzado o impuesto por unas circunstancias especiales.

Felicitadme, porque yo he sido testigo de que todas estas virtudes las tiene el prometido de mi hija. 

N.B.: todo lo anterior lo suscribe mi esposa.

"Virtus" es un derivado de "vir", "hombre"
La "virtus" : conjunto de comportamientos gracias a los cuales el "vir", el hombre, puede mantenerse como tal.

domingo, 12 de septiembre de 2010

De Antiquitatibus

La despensa de la casa del pueblo, esa cueva de Alí Babá, guarda, más que tesoros, chismes y cachivaches que los más se guardaron por si acaso algún día se necesitaban. Entre ellos hay algunos que pueden ser útiles y otros que son la herencia de aquel refrán que reza que quien guarda siempre tiene. No son sólo quincalla; son historia de vidas marcadas por la pobreza de una tierra y la miseria de una guerra.

La despensa venía reclamando a gritos, día tras día, una puesta a punto.

Ella ha estado ayer y hoy un rato cada día limpiándola. Embozada, como forajida al asalto del tren correo, se introduce decidida a llevar a cabo una tarea casi heroica. Mujer sin piedad, quitará de aquí, recolocará allá; ángel del Juicio Final, salvará lo útil y arrojará al infierno del contenedor de basuras de la Mancomunidad lo a todas luces inservible; diosa piadosa, librará del Averno al objeto que pida misericordia, pero para el impertinente y desafiante será la Medusa que da muerte con sólo su mirada.

Al final, de la absoluta anarquía surgirá el orden, y cada objeto adquirirá el protagonismo que se merece.

Como resucitadas del sepulcro del suelo, las botellas en pie encontrarán su cielo; las herramientas diseminadas volverán a su cajón; la plancha en su envoltorio de manta ocupará su destacado lugar sobre el austero baúl de madera de pino; en la vieja librería periódicos viejos, algunos anunciando la muerte de Franco, libros que nadie leerá, zapatos viejos y un juego de accesorios de baño competirán para permanecer vivos una temporada más.

Ella dejará sobre la alacena, que guarda la vajilla de los días de fiesta, la trampa para los ratones que, gracias a Dios, aún mantiene los dos cebos de queso que hace una semana les pusimos.

-- ¿Cuáles son las cosas más extrañas que has encontrado? – pregunta él mientras ella hace un descanso.

-- En un bote metálico de dulce de membrillo había una bolsa de achicoria de la que tomaba tu madre. También una pera (para aliviar el estreñimiento), un antiguo transformador para la radio y tres tapones de bombona en una bolsa.

Cuando reanuda la limpieza, al poco ella viene a preguntar:

-- ¿Qué hago con los periódicos? ¿Los dejo donde están?

-- Sí, sirven para encender el fuego; además, hay algunos muy antiguos.

-- ¿Y con los zapatos? – Se refiere a zapatos de no se sabe quién, que se guardan en el estante inferior de la vieja librería para que los use no se sabe quién.

-- Déjalos donde están –respondo inseguro.

-- Hubiera apostado un millón por esa respuesta.

-- Si fueran míos los tiraría.

-- Bueno, en realidad sólo hay tres pares.

Viene y me enseña un par de lo que parecen zapatillas de estar por casa, forradas y con cordones.

-- Parecen nuevas -- digo y se las lleva resignada.

En la despensa se oye el sonido de bolsas de plástico. Al cabo de un rato ella asoma por la puerta y arroja al pasillo una bolsa llena de otras bolsas.

-- More bags --dice, sonriendo y volviendo a la tarea.


La limpieza está terminada. La imagen del antes y del después me sugiere el contraste entre el Barroco y el Renacimiento. El Barroco es la indefinición de los contornos, la confusión, la línea curva y las formas complejas, el contraste, el movimiento, la perspectiva aérea; el Renacimiento es la claridad de los límites, la línea recta y las formas sencillas, el equilibrio, la quietud, la perspectiva geométrica.

Definitivamente la despensa es ahora renacentista.