sábado, 17 de julio de 2010

El viejo moral del huerto

En el huerto detrás de la casa está el moral ya viejo. Emperador del huerto, aguarda paciente la visita ineludible de los intrusos. En él abundan ahora más las ramas secas que los brotes verdes y hay menos moras. Antes las ramas eran decididas, largas y frondosas, y escondidas bajo las hojas aparecían las moras blancas, rosadas y moras, de sangre púrpura, casi negra. El moral no ha sido cuidado, podado, dirigido y ahora sobrevive anárquico. Pero resiste, y año tras año surgen brotes de hojas nuevas. Porque la vida sigue y las generaciones (troncos y ramas) pasan. Las nuevas ramas y hojas se apoyan en el tronco viejo, pero brotan libres hacia el abierto futuro del aire.

Algo semejante a lo que le ocurre al viejo moral pasa con las sociedades. Si la sociedad no es cuidada, podada, y dirigidos sus impulsos vivos, se desarrollará sin rumbo y caerá en la anarquía, entendiendo ésta en su verdadero sentido griego: ανα-άρχή sin guía, sin orden.

Esto me viene a cuento en relación con el tema del Estatut de Catalunya. Una ley primero aprobada en el Parlament, luego ratificada mayoritariamente en referéndum por el pueblo de Cataluña y finalmente consensuada en el Parlamento español, ahora es recortada por el Tribunal Constitucional, porque no se ajusta a la Constitución española, según unos individuos en los que la misma Constitución ha depositado la facultad de decir lo que es legal y lo que no lo es.

Cataluña hizo una apuesta arriesgada a sabiendas de las consecuencias. Tesis, antítesis, síntesis. ¿Se apostó por el tope sabiendo que no se conseguiría, para al final quedarse con el máximo posible?

El problema es de democracia: ¿tiene razón la mayoría o debe ésta someterse también al dictado de la ley preestablecida por el propio pueblo: la Constitución Española?


Es obvio que existe una diferencia, histórica, cultural, lingüística catalana. ¿Forma parte la rama (Cataluña) del tronco (España)? La Constitución española fruto de la historia común de un pueblo dice que sí. La rama del pueblo catalán quiere crecer por un lado y el podador (el Estado) amarra y corta los extremos de ese brote. ¿Conseguirá el podador detener el impulso del brote y reconducirlo para que no desentone del resto del moral, o al final esa savia catalana hará caer la rama y decidirá formar su propio árbol?

En Historia lo que hoy es blanco mañana puede ser gris y pasado mañana negro. Al final, al igual que el agua de los ríos modela insistente su cauce, las personas hacen día a día su Historia. Las presas de los ríos contienen el agua en condiciones normales, pero el paso del tiempo las va desgastando y a veces las riadas se las llevan por delante.

jueves, 15 de julio de 2010

Un momento que ya voy...

[caption id="attachment_502" align="aligncenter" width="300" caption="Lady Surra"][/caption]

Hoy Radio Nacional ha hecho una encuesta sobre quién ha ganado en el debate sobre el estado de la nación. La opinión se divide entre Zapatero y Rajoy. Yo me sumo a la opinión de un periódico que hoy titulaba que Zapatero ha salido vivo.


Pero en realidad yo creo que esto interesa a muy pocas personas. La política tiene mucho de teatro y cada uno tiene que representar su papel para ganarse el sueldo.


A la gente le interesan otras cosas. A mí personalmente el debate me ha vuelto a recordar que como funcionario me han agredido y me han rebajado el sueldo, cosa inaudita en la Historia. Después del subidón de la Copa del Mundo hemos vuelto a la realidad cotidiana de seguir con nuestras vidas y a disfrutar con lo que hay: el fresco de la mañana, el solecito en el jardín sentado bajo la sombrilla escuchando el rumor del río y el canto de los pájaros, el pincho de queso y chorizo a media mañana, la sopa de fideos y el cocidito para comer, la siesta hasta las cinco, la consulta del correo por si hay noticias de mis hijos, la charla vespertina con mi amor, la lectura frenética de Los Miserables, el paseo con una Surra saltarina por el monte, las novedades futboleras en la radio, etc.


Creo que Surra tiene el secreto: de la cama a la calle, de la calle a la mesa y de nuevo a la cama, y entre tanto a tomar el sol, y cuando calienta en exceso a resguardarse a la sombra y vuelta a empezar. Ahora, mientras escribo antes de la siesta, la creo escuchar que desde la cama me dice: ¿vienes ya o qué?

Un momento que ya voy…

Lady Surra

Hoy Radio Nacional ha hecho una encuesta sobre quién ha ganado en el debate sobre el estado de la nación. La opinión se divide entre Zapatero y Rajoy. Yo me sumo a la opinión de un periódico que hoy titulaba que Zapatero ha salido vivo.

Pero en realidad yo creo que esto interesa a muy pocas personas. La política tiene mucho de teatro y cada uno tiene que representar su papel para ganarse el sueldo.

A la gente le interesan otras cosas. A mí personalmente el debate me ha vuelto a recordar que como funcionario me han agredido y me han rebajado el sueldo, cosa inaudita en la Historia. Después del subidón de la Copa del Mundo hemos vuelto a la realidad cotidiana de seguir con nuestras vidas y a disfrutar con lo que hay: el fresco de la mañana, el solecito en el jardín sentado bajo la sombrilla escuchando el rumor del río y el canto de los pájaros, el pincho de queso y chorizo a media mañana, la sopa de fideos y el cocidito para comer, la siesta hasta las cinco, la consulta del correo por si hay noticias de mis hijos, la charla vespertina con mi amor, la lectura frenética de Los Miserables, el paseo con una Surra saltarina por el monte, las novedades futboleras en la radio, etc.

Creo que Surra tiene el secreto: de la cama a la calle, de la calle a la mesa y de nuevo a la cama, y entre tanto a tomar el sol, y cuando calienta en exceso a resguardarse a la sombra y vuelta a empezar. Ahora, mientras escribo antes de la siesta, la creo escuchar que desde la cama me dice: ¿vienes ya o qué?

martes, 13 de julio de 2010

El laberinto de Chartres

[caption id="attachment_445" align="aligncenter" width="263" caption="El laberinto de Chartres"][/caption]

Uno de los principales atractivos de la catedral de Chartres es su laberinto. Su recorrido es obligado, ya sea por curiosidad o por devoción. Según la tradición, el rito servía también como sustituto de la peregrinación a Jerusalén. 


Son tantos los que lo realizan a la vez que es difícil imaginar que algunos fieles y peregrinos hiciesen su recorrido de rodillas como dice la historia. En cualquier caso, desde la propia experiencia, ver las viejas piedras blancas que forman la serpiente del camino holladas por curiosos o devotos, es algo que impresiona y mueve a la meditación. Aquí está la mía: 


El laberinto de Chartres, ese ir y venir, ese avanzar y retroceder, caminando casi aturdido, casi desequilibrado por la angostura del camino de piedra, desgastada de tantas pisadas y roces, pero sabiendo (o sin saberlo) que al final, si creyente, dirigido por Dios, o si pagano, como otro Teseo en busca de la liberación, llegarás al centro, a ese Minotauro de tu destino final, al círculo rodeado de los seis pequeños semicírculos. 



En los diseños geométricos o lacerías de azulejos o yeserías de los muros de edificios islámicos, las líneas, como el camino del laberinto de Chartres, tienen un principio y un fin, pero su recorrido es inaprensible a la mirada. Del mismo modo, el curso de la vida humana, según el musulmán, sólo es conocido por Dios, ante cuya voluntad sólo cabe el sometimiento, el Islam. 


La vida es como el laberinto de Chartres: vamos, venimos, acertamos, nos equivocamos, reímos, lloramos, pero al final sin saberlo avanzamos hacia nuestro destino. ¿Será hacia arriba o hacia abajo? ¿hacia el cielo o hacia el abismo? ¿hacia la gloria o hacia el olvido? ¿hacia el Olimpo o convertidos en sombras huecas del Hades? Ineludiblemente llegaremos. 


Quiero creer que lo bueno es que, a pesar de lo intricado, confuso e inseguro del camino visto desde fuera, sabes que una vez dentro de él no hay engaño, confías en que Dios te guía y te lleva hasta el final. 


 

lunes, 12 de julio de 2010

Recuerdos

Lo bueno que tiene el Claustro final es que cuando termina empiezan las vacaciones, esas vacaciones temidas por los padres y ansiadas por unos profesores agotados.

Pero hoy no toca hablar de vacaciones, hoy quiero recordar a mis compañeros del Claustro con los que he compartido un curso entero.

Cuando llegué a mi nuevo instituto lo hice con una cierta prevención. Es un instituto recién nacido como éste, formado por profesores jóvenes, muchos de los cuales están en él desplazados, esperando una plaza en esta ciudad, en un instituto como éste, digo, la llegada de un profesor como yo, veterano y con plaza definitiva, puede verse como una intrusión.

Sin embargo, desde el primer día el acogimiento del profesorado del entonces IES n 6 de Plasencia y ahora IES Sierra de Santa Bárbara, ha sido total: de todos he sentido respeto y disposición para ayudarme a adaptarme a un medio y alumnado diferente.

Porque yo soy el abuelo en el instituto. Mis alumnos me preguntan cuántos años tengo y yo les digo que muchos. Hasta me preguntan si tengo nietos…! En la última junta de evaluación me sorprendí pensando que una profesora colega sentada junto a mí bien podría ser mi hija.

Soy un privilegiado en este centro. Cuando entro en el aula estoy expuesto a la ingenuidad y capacidad de asombro propia de la juventud de mis alumnos. Ingenuidad que me sorprende, me rejuvenece y me hace hasta estallar en abiertas carcajadas. Y en los pasillos y claustros estoy rodeado de jóvenes colegas que aun mantienen la ilusión y fe del educador que empieza.

Lo bueno de ser joven es que es el momento de ser idealista y por ello optimista. Cuando envejecemos tenemos la tendencia a caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor” o el “con estos alumnos ya no hay nada que hacer”. Los jóvenes nos dan lecciones de que en vez de esperar que los demás cambien, debemos ser nosotros los que nos adaptemos a los tiempos nuevos. Recuerdo cómo en un claustro en el que un colega mayor, aunque no tanto como yo, se quejaba de la escasa calidad del alumnado del centro, una joven profesora de Biología, tímida y sonrojada, se atrevió a plantear la posibilidad de que quizás el problema no estaba tanto en ellos como en nosotros, que no éramos capaces de enseñarles. Al final del claustro me acerqué a esta profesora, que bien podría ser mi hija, y la felicité porque con su intervención nos había vuelto a recordar cuáles eran los ideales que nos habían llevado a ser profesores. Ella, necesitada de que alguien le reconociese lo acertado de su natural idealismo, se puso la mar de ancha y contenta.

Creo que me he hecho un lugar en el corazoncito de mis colegas y mis alumnos. En la última cena del curso los profesores se empeñaron en mostrarme su cariño obligándome a salir a escena y participar en las bromas. Mis alumnos de Primero C me llaman tito Evelio. Los que no han sido alumnos míos al verme tan serio me declaran orgullosos que han aprobado todas las asignaturas, que han sacado tal buena nota en Sociales, o que quieren que les dé clase el curso que viene.

Muchas gracias profesores y alumnos del Instituto Sierra de Santa Bárbara (o San Miguel, como a mí me gusta llamarlo). El año que viene prometo entregaros mucho más.

Once de julio de 2010

Hoy estoy feliz: mi familia está sana y la selección española de fútbol es campeona del mundo.

Aquí en Truchas aún está un álbum de cromos con Kubala y Di Stefano que coleccionamos hace mucho, mucho tiempo. Attendre et esperer, decía Dumas en el Conde de Montecristo. Hemos esperado y confiado y, al fin, ha llegado. Gracias.

Pero también estoy feliz porque he escuchado que, en una votación que han hecho en la radio, los hechos más significativos que han gustado más a la población han sido, por este orden, la unión del equipo, el beso de Casillas a su novia y la humildad del entrenador Vicente del Bosque.

Esto me dice que, al final, todos valoramos lo verdaderamente importante: la armonía, el amor, y la bonhomía.

Aún creo en el hombre.

viernes, 9 de julio de 2010

Truchas



Ayer día ocho en Plasencia.

Son las siete de la mañana. Apenas una pequeña brisa entra por todas las ventanas abiertas de la casa. El pronóstico para hoy es igual al de ayer: un calor sofocante, agravado por un viento de aire cálido, sahariano. A partir de la una de la tarde habrá que cerrar todas las ventanas y poner el aire acondicionado. Nuestra perra Surra busca bajo las mesas la protección de sombras imaginadas intentando sobrellevar como puede el agobio del calor. En la calle el trajin de coches y cuerpos sobreviviendo en medio del ruido de motores.

Hoy día nueve en Truchas.

Son las siete de la mañana y he de bajar a la perra. Tengo que ponerme un jersey porque la madrugada esta fresca. Luego a media mañana el día es soleado y la temperatura es la ideal. Mientras escribo estas líneas, en medio del silencio solo interrumpido por el ladrido de algún perro lejano, escucho al lado el cantar de los pájaros y el rumor del río. La vegetación esta exuberante y generosamente verde.

Hemos ido a los Cantones con la perra: corre saltarina casi oculta por las hierbas. La vista del río es como siempre, bellísima, y me invita a quedarme para siempre. No quiero volver a Plasencia.