domingo, 20 de junio de 2010
Fieles lectores...
El Conde de Peña Ramiro
sábado, 19 de junio de 2010
El Conde de Peña Ramiro
No pude mantener el nombre porque Tácito en Plasencia también se llama el blog que tengo con mis alumnos. Decidí ponerle el nombre de El Conde de Peña Ramiro porque estoy leyendo el Conde de Montecristo y me está encantando. Peña Ramiro es el nombre del castillo de Truchas, el pueblo de mi madre. Creo que esas son dos buenas razones para nombrar este nuevo blog.
Quiero continuar colocando en él "mis reflexiones" como medio de desahogarme y quién sabe llegado el caso concienciar. Voy a iniciar una nueva categoría que titularé "mis impresiones" en la que pretendo reflejar en pinceladas los viajes que hago con Jennifer. Tengo alguna otra novedad que aún estoy madurando.
jueves, 17 de junio de 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
Mira que eres primo, qué primo que eres...
martes, 8 de junio de 2010
Problema de país
Como funcionario, tengo la impresión de que poco o nada le va a importar a nadie que a los funcionarios nos recorten el sueldo. El silogismo funciona: los funcionarios son unos zánganos; somos funcionarios; por lo tanto somos zánganos, o mejor, sanguijuelas chupando la sangre de los trabajadores de verdad, de los de sol a sol, de los de pico y pala. Si además de funcionario soy profesor, peor, porque tengo unas vacaciones que ya quisieran otros. De todo lo cual se deduce: mejor no te quejes.
Cuando vi en los períodicos extremeños campañas para dignificar la figura del profesor me dije, ¡hombre, ya era hora! Parece que esas campañas sólo eran para mejorar la imagen, no el bolsillo. Habrá que dejar la dignificación del profesor para mejor ocasión. ¿Dentro de cincuenta años? Puede, aunque yo creo que también entonces la imagen del funcionario vago continuará en la imagen de la ciudadanía. Porque en verdad ¿qué somos realmente? ¿Maestros o guardas?
El PSOE hace sus cálculos. Digamos que los votantes funcionarios se reparten al cincuenta por ciento entre los dos partidos. Cuando llegue la hora de votar, no todos los votantes del PSOE cambiarán, habrá algunos a quienes les duela dejar su partido de siempre. Por tanto supongamos que pierde la mitad de ese cincuenta por ciento, aún le queda el 25% del funcionariado.
Congelar las pensiones, pero ¿cuáles? no las más bajas porque esas son votos de izquierda. Las medias y altas, esas, al igual que los funcionarios se dividen entre los dos partidos. Por tanto otro 25% menos.
¿Qué sector queda que hay que proteger y cuidar para futuras elecciones? El parado. Un veinte por ciento es mucho. Si se mantienen las subvenciones es previsible que buena parte de ese voto, agradecido, se mantenga.
Al final todo es cuestión de números. Funcionarios y pensionistas somos desechables como votantes. Para un partido en el gobierno peor sería perder los votos cautivos de puestos de libre designación o muñidores de estudios y proyectos que nada estudian o proyectan.
El PP, la derecha, por su parte se ha convertido de la noche a la mañana en defensora de los trabajadores. Lo que hay que ver.
¡Qué le vamos a hacer!
No ¡Vamos a hacer!
Lo único que nos resta es la dignidad. Aunque los propios que nos tenían que defender (al menos en consecuencia con su ideología) nos quiten parte del valor (plusvalía) de nuestro trabajo para pagar las deudas y los intereses al capital (Qué ironía), no perdamos nuestra dignidad.
Como decía en la anterior entrada:
Don't sit there dying the way they want you to die.
Don't sit there dying the way they want you to die.
Esta obra de teatro representa la lucha de un joven negro por liberarse de la sumisión al sistema impuesto por los blancos, sistema representado por Lula o la Eva que lo tienta.
En un momento de la obra, el de la cita del comienzo, Lula le increpa y le hace ver cuál es su verdadera situación: Clay, sometiéndose al sistema, se está muriendo del modo que ellos quieren que muera.
¿Acaso los alumnos abandonados y fracasados en muchas aulas de nuestras escuelas no son Clays que "mueren" a causa de unas circunstancias que les impiden liberarse a través de la cultura?
Me duele ver a alumnos sentados frente a mí sin ningún deseo de educarse. Vienen a clase porque están obligados a ello. Esto es así y ha sido siempre así. La educación (educación como conducción) hasta la puerta de la escuela funciona porque es coercitiva: los padres están obligados por ley a llevarlos a la escuela. El problema surge dentro de la escuela. La coerción para aprender no puede hoy ejercerse sino es por el convencimiento, la emulación y por el deseo del propio aprendiz.
En muchos casos hoy el maestro se siente como el vendedor de una mercancía que para él es básica y necesaria pero que los alumnos no desean. Al final son los maestros quienes se transforman en compradores de un poco de esfuerzo y de aprendizaje de sus alumnos a base de contratos o, por qué no decirlo, de sobornos.
[caption id="attachment_301" align="aligncenter" width="120" caption="Hypatia de Alejandría"][/caption]
Uno se encuentra premiando a alumnos que hacen lo que es su obligación y no reservando el premio para el esfuerzo añadido y extraordinario.
Pero la culpa no es de ellos.
Porque, ¿qué estima tiene la sociedad por el esfuerzo, el trabajo o incluso por el honor?
El ejemplo para nuestros jóvenes no son los San Jorges o las Hypatias de otros tiempos.
[caption id="attachment_304" align="aligncenter" width="300" caption="San Jorge y el dragón, Paolo Uccello, c. 1470."][/caption]
Este es un problema de toda la sociedad, toda, incluyendo los medios de comunicación.
Todos deben trabajar en la misma dirección. No podemos esperar que los maestros sean los únicos que instilen gota a gota en las frescas mentes de los alumnos la gloriosa experiencia de la cultura.
A lo mejor es que algunos ya estamos fuera de onda y no nos hemos dado cuenta de que la decencia (decere: ser apropiado) es algo pasado de moda.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Querida Felipa...
Por mucho que nos empeñemos en querer que los otros entiendan, compartan, se den cuenta de lo que nosotros experimentamos, no es posible. Nuestra existencia es sólo nuestra. Nuestra piel es una capa que, a la vez que nos comunica con el exterior, nos aisla. Nuestros sentidos son ventanas que abrimos pero de los que no nos podemos fiar, porque a veces nuestras sensaciones no concuerdan con las de los otros.
Sólo cada uno por sí puede sentir el dolor que siente. Sí, podemos quizás atisbar lo que otros sufren si lo hacen por la misma razón: la muerte de la madre, por ejemplo. Pero incluso ahí, los sentimientos varían dependiendo de la relación que hayamos tenido con ese ser querido.
Mi dolor cuando murió mi madre fue desgarrador, escandaloso. Cuando murió mi suegro mi dolor fue callado. En ambos casos la pérdida era injusta. En el primer caso era la separación definitiva, la nostálgica pérdida de un paraíso vivido quizás en el seno materno. En el segundo era la pérdida de un amigo, de un compañero, de alguien que quería mi amistad no por él sino para mí.
"El sentimiento trágico de la vida" decía Unamuno. A simple vista apetece decirle: ¡hombre, no es para tanto! Miguel, la tuya más parece la visión de un ser triste. Pero, si reflexionamos ¿qué es sino nuestra existencia?
De pronto nos encontramos en este mundo sin comerlo ni beberlo, sin haberlo decidido, y, habiéndonos dado la posibilidad de saborear las mieles de la vida, de habernos permitido incluso soñar con lo imposible (el "impossible dream" de D. Quijote), de repente nos dicen: "esto se acabó".
Parece una broma, ¿verdad?
Si lo piensas, los griegos no estaban demasiado alejados de la realidad: verdaderamente somos juguetes de los dioses. Como títeres nos manipulan, nos hacen creer en nuestra independencia, nuestra libertad, y de repente nos cortan las alas, o nos colocan un muro infranqueable delante de nosotros. Ante eso sólo caben dos opciones que uno tiene que elegir. Una es la respuesta del héroe griego: la lucha contra el destino, en la esperanza de poder vencerlo, pero a la que sucede la inevitable muerte trágica. La otra es la aceptación resignada de la realidad, el reconocimiento de nuestra limitación e impotencia ante el destino inexorable, y la resignación a ser olvidados tarde o temprano en la sombra del tiempo. ¿Cuál escoger? Esa es una opción personal. Porque eso sí, como Sartre decía, lo que no te pueden arrebatar los dioses es la libertad de enfrentarlos.